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TRES AÑOS DE GESTIÓN : DESEMPLEO Y POBREZAEl cuadro social mejoró, pero a ritmo más lento que otros indicadores
El nivel de actividad económica supera el récord de 1998, anterior al inicio de la recesión y la crisis. En cambio, los indicadores sociales avanzan a ritmo más lento y aún siguen por debajo de los registrados en aquel momento. Salarios, empleo, trabajo en negro, pobreza o indigencia mejoraron respecto de los peores momentos de la crisis, pero no volvieron al punto de partida.
Desde fines de 2002, y al impulso de la recuperación económica posterior a la crisis, fue disminuyendo el desempleo, creció la ocupación, los salarios mejoraron y disminuyó tanto la pobreza como la indigencia. Por ejemplo, cuando Néstor Kirchner asumió en mayo de 2003, el desempleo era del 17,8% y ahora está en el 11,1%. La pobreza superaba el 50% y ahora es del 33,8%. Había 2 millones en el plan Jefes y ahora hay 1,3 millones. Pero las cosas cambian con relación a 1998, cuando los indicadores sociales ya mostraban un fuerte deterioro. Así, de los datos oficiales, surge que entre la actividad económica, ya superior a la del anterior récord, y los indicadores sociales subsisten varias diferencias: El mercado laboral se presenta más segmentado, tanto a nivel de los salarios como a la calidad de la contratación. El salario real promedio es un 15% inferior al de 2001 y un 20% más bajo que el de 1998. Los mayores perjudicados son los empleados estatales y los asalariados no registrados. La mitad de los trabajadores tiene ingresos menores a 600 pesos mensuales.
Más de la mitad de los 3 millones de jubilados perdieron entre un 10 y un 35% del poder adquisitivo de 8 años atrás. La pobreza es casi 10 puntos superior (33,8% versus 24,3%). La pobreza infantil alcanza al 49,5 por ciento: hay casi 5 millones de niños pobres. El empleo "en negro" también es 10 puntos superior (45,5% contra 36,3%). La participación de los asalariados en el ingreso nacional está 8.5 puntos por debajo de 1998 (24 % contra 32,5% del PBI). La distribución de ingresos empeoró: en el segundo semestre de 2005, el 10% más rico recibió 28,5 veces más que el 10% más pobre. En mayo de 1998 esa brecha era de 22,8 veces. A estos datos hay que agregar que casi 2 millones de personas reciben planes sociales nacionales o provinciales. Que el desempleo está en el 11,1%, y con los planes sociales llega a 14,1%. Y sin ellos serían más altos los datos de indigencia y pobreza.
El Presidente, fanático del superávit fiscal - TRES AÑOS DE GESTIÓN
De la resta entre gastos e ingresos surge uno de los conceptos técnicos más meneados por décadas: el superávit (o déficit) fiscal, según se gaste más o menos de lo que entra. Desde siempre, el criterio de gastar menos de lo que se recauda como política de gobierno fue un latiguillo defendido por los sectores liberales más ortodoxos, enemigos de todo lo que huela a intervención del Estado en la economía. Pero Kirchner logró algo impensado para un político tildado de populista por el establishment económico: instaló la necesidad de tener superávit fiscal como un concepto progresista. En lugar de asociarlo a la tradición de los ajustes clásicos lo identificó con un instrumento que le permite ganar autonomía política... a fuerza de abrir la billetera. Con superávit le garantizó a los bonistas que podrá pagar la deuda externa reestructurada, financió parte de la cancelación de la deuda con el FMI, aumentó jubilaciones y distribuyó fuertes subsidios a empresas privadas. El superávit también le sirvió para retribuir con obras públicas algunos apoyos políticos provinciales que recibió en las últimas elecciones legislativas. La acumulación de ingresos que hizo posible esta situación fue resultado de una combinación de factores. El crecimiento económico se tradujo en mayor producción y consumo. Y esto, a la vez, en mayor recaudación. Pero un elemento determinante fue el mix entre el dólar alto y el incremento de los precios internacionales de las exportaciones (básicamente granos y combustibles). Con las retenciones —un impuesto que no se reparte con las provincias— el Gobierno pudo apropiarse de una parte de las superganancias que lograron los exportadores. Este tributo es muy cuestionado en toda la literatura económica. Pero el Gobierno rechazó todas las presiones para eliminarlo con el argumento de que es una herramienta que ayuda a mejorar la distribución del ingreso. Ahora, con la campaña para 2007 prácticamente lanzada, el gasto comenzó a aumentar a un ritmo mayor que los ingresos. Y los ortodoxos encontraron la forma de justificar sus dudas: dicen que Kirchner muestra su verdadera faceta. TRES AÑOS DE GESTION : EL GOBIERNO APROVECHO EL AUMENTO DE LOS PRECIOS INTERNACIONALES DE LAS MATERIAS PRIMAS
El repunte económico estuvo motorizado por el rebote posterior a la crisis, que comenzó en la segunda mitad de 2002, sobre la base del dólar alto y la pesificación. Esos dos factores achicaron el gasto público, redujeron los costos de producción de salarios e insumos y el costo financiero y favorecieron la sustitución de importaciones y dieron impulso a las exportaciones. Ese cambio se vio potenciado por el contexto internacional de precios altos para las materias primas, baja tasa de interés y devaluación del dólar. Esto fue un fenómeno excepcional en la economía mundial. También ayudó a esa recuperación el default de gran parte de la deuda, porque restringió los pagos al exterior. Y la transferencia de ingresos que se dio por la confiscación de los ahorros y la licuación de las deudas empresarias. El Gobierno mantuvo estos ejes de la política económica y resistió las presiones para bajar tanto el precio del dólar como las retenciones. Al mismo tiempo se consolidó aún más el frente externo de mayor demanda y mejores precios internacionales de los productos argentinos. La Argentina pasó a tener un "doble superávit", inédito en los últimos 50 años: acrecentó el superávit comercial —del orden de los 15.000 millones de dólares anuales— por el impulso de las exportaciones y un elevado superávit fiscal primario, tanto a nivel nacional como provincial. Las ventas externas aumentaron alrededor de 10.000 millones de dólares entre 2003 y 2005. En el mismo lapso, las importaciones crecieron unos 15.000 millones de dólares, de la mano de la mayor actividad. La reestructuración de la deuda fue el mayor desafío que encaró el Gobierno por el volumen del default (unos 80.000 millones de dólares) y porque se concretó una quita nominal sobre el capital del orden del 50%. Previamente el gobierno suspendió el acuerdo con el FMI, que había firmado meses antes, sin caer en el default ya que pasó a pagar intereses y vencimientos. Con esa jugada, el Gobierno evitó el monitoreo de los técnicos del FMI y tener que alcanzar un acuerdo que lo hubiera condicionado en la negociación con los acreedores. Esa reestructuración, además de menores intereses, alargó el perfil de vencimientos. El canje de la deuda reabrió el ingreso de capitales atraído por los altos rendimientos de la deuda argentina, asegurados por el creciente superávit fiscal. Así, los títulos públicos se fueron revalorizando, lo que mejoró los activos del sistema financiero y generó a su vez un "efecto riqueza" que robusteció el consumo. El "doble superávit" le permitió al Gobierno pagar los intereses de la deuda y gran parte de los vencimientos de capital. Y concretó una jugada mayor el 3 de enero pasado: canceló anticipadamente la deuda con el FMI por 9.500 millones de dólares. Así el nivel de la deuda pública se redujo gradualmente luego de haber llegado a un pico tras la devaluación del peso (ver infografía). TRES AÑOS DE GESTIÓN: Sector energético le faltó estrategia para el largo plazo
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El Ruido de las Nueces |
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