Titulares | Columnistas | Audio | Cuentos | El Sitio | Historia | Regístrese | Contacto

Francisco José Bessone

 

YO TENGO UN MILLÓN DE AMIGOS

Así como se dice que todo “autor tiene un poco el estilo de sus amigos” ¿que tienen nuestros amigos de nosotros?. Después de todo - como decía Montaigne -cada uno muestra lo que es en los amigos que tiene.

 


 

Es un tipo intenso, apasionado y con cierta insensibilidad espiritual. Se afana constantemente de lo que hace. Refriega méritos, y cada conversación invariablemente es, y debe ser, una batalla. Ávido de prestigio, es de un intelectualismo superficial.
Es presumido de la lectura, solo que no de selectas bibliotecas, sino de la última novedad editorial. Por tan poco, suele hincharse en grupo.
Uno se percata que todo es un esfuerzo por aparentar, - en realidad muchos de nosotros lo hacemos-, entonces no queda otra cosa que sonreírse; - y de hecho muchos hasta se ríen- pero su conducta debe ser a esta altura, un motivo de preocupación.
En las cenas o almuerzos, se instala invariablemente en la cabecera de la mesa y ocupa el sillón desde donde cree administrar la verdad. Habla apurado, porque casi siempre esta apurado, y quizás por esto, pasa gran parte de la vida limitado por las anteojeras de su propia profesión.
Su apuro trasluce alguna especie de angustia.
Ausente de un idioma sereno de sobriedades, escaso de ironías, no ve medios, ni grises, ni sombras; solo extremos: derecha izquierda, arriba abajo etc etc.
Auto suficiente, lo suyo siempre es y será importante y naturalmente respetable, quizás por eso no respeta ninguna otra cosa. Sólo tiene en cuenta lo que está a un centímetro de su nariz, que es como la proa de su actividad. Es capaz de aplastarlo todo, y naturalmente siempre a está a punto de ser aplastado.
Tiene un sentido de sí mismo que fácilmente le aísla. Se extraña y rechaza lo distinto, pero necesita espiarlo y salirse de su aislamiento. Su necesidad de estar, es un “pasivo estar entre la gente”; ya que al poco tiempo de conocerlo hay una infranqueable pared que lo aísla y distancia de los demás, y es él , quién procura sustentarla.
Las reuniones sociales son el escenario de su mayor despliegue, y las sobremesas, el momento adecuado para irrumpir al modo de chillidos con un tumulto de palabras, juicios, aseveraciones provocadoras que inevitablemente no hacen más que dividir aguas y formar bandos opuestos.
Es esclavo de la manía de tener razón y cada reunión puede convertirla en un torneo dialogante. Vive sus argumentos – como reseñó un filósofo – dentro en una especie de recipiente de pintura y, embadurnado, con su ocasional color, una vez abierto, quiere teñirlo todo. Localizados los enemigos de esta brillante monocromía, repasa sus ocasionales aliados y los incita para sostener sus argumentos que mayormente son obstinaciones.
Cuando "los que quedan" no ceden a sus razones; pierde fácilmente el autocontrol y puede desparramar infinitas ofensas. Si no le complacen y persisten en sus argumentos puede continuar doblando la apuesta y mostrar toda su impiedad. Entonces cuando esto ocurre es como un Tsunami incontenible que puede convertir una reunión en ruina y desolación y a veces, sólo a veces una vez calmado los embates se ofrece para reconstruir algo de lo que queda.
La profundidad de su alma – como en tantos hombres- es un misterio, pero no hay misterio al presagio que alguna reunión termine con muertos, heridos y convalecientes.
Vocifera compromisos; pero en realidad nada arriesga, vive cómodo en su mundo y ratifica ante cada situación su exterioridad. Si el compromiso emerge, se distancia para observar, es el momento donde callan las palabras, se llama a un prudente silencio para ser espectador, o, en su defecto se muestra escéptico y duda de la bondad de cada empresa.
Como se ve, no está dispuesto a renunciar a nada.
Algunos opinan que es incapaz de amor. Conjeturan sabiamente que se lo impide esa especie de atmósfera llena de petulancia y soberbia en la que él mismo está enfrascado, y a través de la cual a su vez, se inserta entre nosotros. Otros dicen que hay mucha gente que lo quiere y enumeran: su mujer, sus hijos, el gato que no suele hablar con él y el mecánico que nunca le discute una factura y "yo", que no se porque todavía soy su amigo.

 

Francisco Bessone

 

 

Actualidad


Cuentos Anteriores

La Extraña por Daniel Briguet

El desayuno por Daniel Briguet

El simple arte de matar Por Daniel Briguet


Otros Artículos

Mediocracia

La puja Distributiva

Una Noche con Dolina

Leyendo Editoriales Morales Solá Grondona



El Programa

La entrevista

Los hechos en Francia

Neo feudalismo Capitalismo tardio

Elecciones 2005

Profecías Auto cumplidas

Globalización y Literatura

Dolina en la Feria del Libro

El Alca

Partícipe

El cuento del Oyente

El rincón de la queja

Derecho de réplica

Proponga temas

Oyentes en el exterior

Futuros Periodistas

Ultimas Noticias

Nuestros Links

Medios de Comunicación

Filosofía

Historia

Ciencia Política

Arte



Titulares | Columnistas | Audio | Cuentos | El Sitio | Historia | Regístrese | Contacto

fondocontexto

© 2005 El Ruido de las Nueces - 2000 Rosario - Provincia de Santa Fe - República Argentina- Todos los derechos Reservados ®