Cuando nos proponemos definir un estilo de conducta, vida, o apreciación estética, apelamos, muchas veces a simplificaciones.
El jazz no ha estado exento de esta problemática, y así muchos han considerado a esta expresión musical, un continente inaccesible para el común de la gente, ello en virtud de ciertas características que lo definirían como un género plagado de hermetismos y de difícil comprensión, tanto en lo que respecta a su continente como a su contenido.
Es mi propósito demitificar esta creencia, partiendo de la realidad histórica, y sobre todo considerando que no existen certezas, sino solo gente que cree estar segura de ellas.
Los orígenes de una expresión de la cultura, pueden ayudarnos, en determinadas circunstancias, a establecer su grado de inserción en un estrato social determinado.
Así, siempre estará presente el preconcepto de que lo fácilmente digerible a nuestros sentidos, aquello que fluye sin complicaciones demasiados intelectualizadas, resulta popular, es decir de acceso masivo a la población, contribuyendo esta impresión a fundamentar la idea de que un pequeño núcleo de iniciados, son los beneficiados de un patrimonio cultural, que deliberadamente mantienen alejado de la masa, tal el caso imputado por ciertos sectores al jazz.
Deberíamos apelar a las nociones de divulgación de lo cultural y fundamentalmente a un concepto de política de mercado, orientado a promover, por razones estrictamente económicas, aquello que obtenga rápida y segura rentabilidad, para así acercarnos a una noción más objetiva, respecto a el nacimiento y la evolución del jazz, y su permanente engarce con las tradiciones populares.
Un antecedente histórico puede traernos claridad frente a estas reflexiones. En los comienzos del jazz, las nociones de mercado pesaron sobre las decisiones de los sellos grabadores, que concientes del poder de la demanda de la población negra en los Estados Unidos, en los años veinte, editaban las placas de 78 r.p.m., en los denominados sellos discográficos raciales, uno de los más emblemáticos, fue OKEH, de la empresa General, Phonograph Company , que en julio del año 1920, lanzó, con la referencia Okeh 41 143, un disco, con dos temas del compositor negro Perry Bradford, “That sing call love”(Esa cosa llamada amor) y “You can´t keep a good man down”(No puedes retener a un buen hombre debajo tuyo), ambos interpretados por una excepcional cantante negra, Mamie Smith(3), quién a instancias del autor de los temas, hermano de raza de Mamie, torció la voluntad de los dueños de la discográfica, que habían intentado que la cantante fuera una de raza blanca, Sophie Tucker(2), quién posteriormente se convirtió en la emblemática interprete de preferencia blanca.
Las ventas funcionaron tan bien, que los empresarios apostaron nuevamente a Mamie Smith, quién realizó mas grabaciones en ese verano. Se había instalado en el novel mercado de las grabaciones, un fenómeno sin precedentes, ya que las compañías grabadoras, hasta ese momento, habían subestimado el potencial del público negro, y esto generó que las otras compañías, intentaran ampliar la oferta en ese mercado, conciente de las ganancias que devengaba la experiencia pionera de los discos raciales(race records-discos raciales-).
La mayor parte de las grabadoras importantes y muchas pequeñas, continuaron editando”race series”, hasta bién entrados los años 40, en que nuevos estilos y géneros derivados del ragtime, el blue y el jazz, como por ejemplo el “rythm and blues”(3), se fueron convirtiendo en lenguaje popular masivo, fuera de la comunidad negra, con lo cuál desapareció la razón de toda segregación fonográfica.
La improvisación, el eclecticismo, la permanente evolución del jazz, lo convierten en un género permeable a todas las expresiones musicales populares, sin límites de frontera, y eso lo hace una “obra en permanente construcción”, tal cuál lo definiría recientemente el gran saxofonista americano Wayne Shorter, que estará muy pronto en Argentina. Shorter, sostiene que “cada persona que habla del jazz supone que se refiere a una música determinada que debe sonar de cierta manera. Así, si no suena como por ejemplo, ragtime, dixieland, swing o incluso bebop(4), muchos creen que no es jazz. Esa gente se está perdiendo el verdadero significado de lo que es el jazz, que significa en realidad “obra permanente en construcción, en construcción democrática”.
Notas:
(1) Mamie Smith(1883-1946), fue la primera artista negra que tuvo algo parecido a un éxito discográfico (vendió mas de 10.000 copias en el primer mes).
(2) Sophie Tucker(1884-1966) una de las “Red hot mamma”, (tipo de cantante gorda, opulenta y de gran vehemencia , se puede decir que era una versión apta para todos los públicos, de la cantante clásica de blues), famosa por su canción “Some of this days your´re going to miss me honey”-algunos de estos días me extrañaras querido-.
(3) Rhythm and blues, R & B, Nombre que se dio a la música contenida en las últimas grabaciones “raciales”, este término fue sustituyendo gradualmente a “race”, que se había vuelto impopular. Un cantante síntesis de éste estilo fue Joe Turner, también Jimmy Rushing, es decir el blue urbano mezclado con el blue-shouting, caracterizado por una fuerte pulsión rítmica. J
unto con el rock and roll fue uno de los ingredientes básicos de la música de los 50. Hoy no es exactamente un género para el público negro, sino más bien una formula que designa las corrientes del pop más profundas y orientadas hacia el jazz.