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El sábado 15 de octubre la gran atracción de la Feria del Libro fue Alejandro Dolina. Presentó su libro, "Bar del infierno" ante más de dos mil personas. Al que nació en Baigorrita - con abuelos fundadores - y se crió en Caseros.
Conductor del Programa:"La venganza será terrible" con más de 15 años en el aire Autor de libros como "Cronicas del Angel Gris" y "El Libro del Fantasma" fue presentado por Francisco Bessone. Del encuentro surgió este relato..

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Analizando Editoriales

retórica

por Francisco Bessone

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El preguntador, el contestador y los secretos

Una historia con Alejandro Dolina

por Francisco Bessone

" Si yo esperase el egreso de la mediocridad para hacer algo, estaría condenado al mutismo absoluto." Alejandro Dolina

Alejandro Dolina durante la charla junto a su presentador Francisco Bessone.

En un gran hotel se encontraron los dos hombres. Se dieron la mano respetuosamente.
Se miraron y cambiaron unas escasas palabras. Eran palabras formales, aquellas que hacen al interminable rito de la cortesía y la formalidad. Luego - de apenas un tiempo- las palabras fueron más claras y fuertes, y así, se ablandaron los rictus y poco a poco se fueron diluyendo las extrañezas y los recelos de un encuentro obligado.

Hasta hubo algunas sonrisas.
De pronto - aunque uno de ellos lo suponía- se fueron edificando
códigos que una vez reconocidos se sospecharon ambos como hombres de plazas - no de conventos -, y que juntos podían disfrutar no ya de esa breve conversación, sino de intentar practicar su arte, (el oficio más importante del hombre).
No pudieron estar solos, había entre ellos mucha gente, por lo tanto, de ese encuentro la conversación no fue extensa - además, tenián poco tiempo - ya que los esperaba una charla ante mucho publico y había que cumplir con los horarios.
Interrumpidos, partieron.
Lo hicieron en diferentes autos, con algunos miedos, pero la sensación que deberían seguir conversando.
Llegaron al lugar repleto de público y rápidamente acomodados, uno ofició de preguntador y el otro contestaba.
Las discrecionalidad del preguntador evidentemente agradaba al otro, y cada vez que escuchaba las preguntas - no sólo disipaba temores - sino que con un gesto de sana admiración miraba atentamente al preguntador y antes de responder decía:
- Eso está muy bien, está muy bien.
El preguntador notaba cuanto agradaba el preguntar de esa manera y así transcurrió la charla ante la gente, de un hombre cada vez más cómodo en su lugar de dar repuestas, y el otro, que dado los acontecimientos empezó a sentirse cada vez más osado en sus preguntas.

Todos parecían gozar del espectáculo, no faltaron ni las risas ni los silencios teatrales que se llaman pausa.

Y llegó el natural final de una tertulia que no podía ser infinita.
Final que despidió al contestador - pagando justamente por sus repuestas con muchos aplausos, y también algunos otros para el que preguntaba.
Mientras sonaban los aplausos el contestador se paró, levantó los brazos para saludar al publico que no dejaba de ovacionarlo.

Luego miró dulcemente al preguntador y abrió los brazos para
estrecharlo y éste, animado, adivino que era justo el momento para decirle algo.

Y mientras se abrazaban, acercó su boca al oído del contestador y le dijo.
- Tengo un secreto para contarte.
- Firmo los libros y la seguimos.
- Será un placer.
Y se fueron a cenar. Y dicen que estuvieron hasta más de las 3 de la mañana, y que lo hicieron para no estar solos.

por Francisco Bessone

 

 

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