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Cuando el destino nos encuentra

 

El consorcio de una Nación.

EquilibrioNietzsche decía que "la decadencia decae, es decir, que una vez que el proceso de degradación se ha instalado con fuerza, si no se lo interrumpe decididamente, lo que único que cabe esperar es mayor degradación".

Por el Dr. Víctor Nanini

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El boxeador vivía en el 3º B de un edificio de propiedad horizontal, su racha de las últimas peleas había sido adversa, apenas uno que otro empate, todas la demás perdidas-voy a cambiar de entrenador-se dijo, a pesar que el último era el nº 14 en los últimos siete años.-

El padre subió con su hijo al ascensor, todo escrito en sus laterales, con el vidrio rajado, salió al llegar al cuarto piso bajó y se encontró con el pasillo un tanto sucio, con algunas inscripciones en las paredes y pensó-que suerte que no todos somos así, ojalá se siguiera el ejemplo de mi departamento-sentencia en voz alta, mientras su hijo le preguntaba de quien era ese pedazo del edificio, el padre le contesta-que se yo, es un problema del administrador.-

Los jovenes del 2 "A", entraron al palier del mismo edificio, apagaron las colillas de cigarrillo en el piso, hicieron un corazón con sus nombres en la pared y dejaron la puerta principal abierta, ella dijo-che no cerrramos-no dijo él si dentro de un rato viene Julio y Alberto, que quede abierta, además nosotros tenemos la puerta blindada en nuestro dpto. nada nos puede pasar.-

Cada uno de los miembros de esa pequeña comunidad reprodujo un acto mas o menos igual, todas las partes comunes no eran de nadie o por lo menos eran responsabilidad del administrador.-

Nuestra sociedad es y se ha comportado en un idéntico sentido, hemos procurado los caminos más fáciles, sin pensar que a todo alegre descenso tarde o temprano lo recibe una cuesta, y que el continuo descenso no solo alimenta el facilismo y la holgazanería, nos baja también las defensas y nos transforma en más urgentes y coyunturales; la cuesta, ah! La cuesta, no aparece de golpe en este tipo de derroteros, el camino al fin termina en un alto acantilado, con nosotros atónitos, jadeantes y cansados, a pesar de solo haber descendido; lo que ocurre es que el descenso no solo fue geográfico, descendimos en los valores, en los principios, en los lemas y apotegmas fundamentales.-

Despues de callar y consentir tanta desmadre, de aplaudir y victoriar a dictadores y demagogos, de vituperar y deplorar a hombres buenos, de consagrar el mal del estado, la burocracia, la corrupción, el latrocinio, el fraude (pensando que no eran males propios sino ajenos), luego de procurar y transmitir a nuestras descendencias lo importante de salvarse uno, de pensar para vos, que los otros se arreglen, todo eso nos sorprende cuando el destino nos encuentra con una realidad que no la que consideramos para nosotros; nuestra propia coexistencia todavía la presentamos como una mera yustaposición de individualidades en algún sentido determinado, el nosotros es declamado y no practicado, nos gusta lo que nos gusta y no nos gusta lo que no nos gusta, nos interesa lo que nos interesa y conviene, y no nos interesa lo que no nos interesa; que me interesa la escuela y sus maestros si yo no voy ni mando hijos al colegio; que se maten los del hospital público si ahí yo no voy nunca; la Justicia, que me importa, si yo no tengo juicios de ninguna clase; yo con la policía no tengo nunca ningún problema, porque no me meto en nada y además si me agarran en algo a los muchachos los arreglo con unos mangos, sí todos los policias son unos corruptos.-

La sustitución de un corrupto por un nuevo funcionario que se torna corrupto, no es culpa del cargo, porque sería como echarle la culpa a la pala por el pozo mal echo.-

El destino nos ha encontrado y no nos gusta lo que el espejo del mismo nos devuelve, no existen salvadores ni puntos cero, la historia que continua nos demuestra que la reconstrucción de lo que debemos ser como sociedad, no admite pócimas mágicas, se reconstruirá a partir de comenzar a gestar la maza crítica que provoque el cambio.-

Si nos consideramos boxeadores de la vida, deberemos entrenarmos antes de pensar en cambiar de entrenadores, si pensamos en el ejemplo del consorcio, no nos quejemos de su estado y de sus expensas sino participamos en las reuniones de consorcio, ni nos interesa quien sea el administrador; nada ni nadie nos regalará nada, por el contrario la desidia y el disvalor de una sociedad solo alimentan su sometimiento.-

por Vïctor Nannini

Abogado

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