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Dios y el reparto del mundo

 

"Dios, el reparto del mundo y la aftosa"

 

 

Recurriendo al humor, vale la pena recordar conocidos chistes:
(...) Estaba Dios con sus Arcángeles, creando el mundo, cuando le toca el turno de crear la Argentina. Dios dice:
—Le daremos tierras fértiles y buen clima. Una hermosa cordillera, inmensas playas y bosques llenos de vida, etc., etc.
Uno de los arcángeles lo interrumpe:
—Pero Dios, ¿tanta belleza y tanta fertilidad le daremos a ese país? ¿No es demasiado?
— Sí, pero después le pondremos 35 millones de argentinos que se encargarán de arruinarlo.


por el Ing. René Bonetto

 


Decía Ortega y Gasset que escribir es, en cierto modo, exagerar, poner énfasis, porque el escritor necesita subrayar lo que dice para así llamar la atención del lector. El humor posee en esencia esa potencialidad y a veces es imprescindible para retratar algunos hechos de nuestra reciente historia.

Para la ultima crisis de la aftosa de 1999 ocurrió todo como un chiste. El gobierno de entonces, dispuso el cese de la vacunación antiaftosa en todo el territorio nacional.
En el año 2000 reapareció la enfermedad y el país padeció una grave crisis.
En medio no se había hecho nada de lo necesario para que ello no se produjese: esto es, control de fronteras, instalación de laboratorios, mayor presupuesto para el Senasa. Es decir, se dejó de vacunar sin cumplir el total de las medidas a las que esta sujeta su no utilización y que el gobierno se había comprometido a implementar.
El manejo de la situación produjo un papelón mayúsculo de consecuencias desastrosas, pues en lugar de blanquear el problema, se construyó una verdad oficial intentando inútilmente ocultar la información localmente así como a nivel internacional.
El entonces Secretario de Agricultura y Ganadería expresó tiempo después sin miramientos: “Aunque lo negaban públicamente todos sabían de la existencia de aftosa en el país”. El “todos” incluye funcionarios públicos, productores y sus organizaciones, técnicos, consignatarios de hacienda, frigoríficos, exportadores, periodismo especializado, etc.
Esa vez el foco de la enfermedad era Formosa y se espera controlar rápidamente. La decisión política entonces, pasaba por la conveniencia de no denunciar el hecho para no perder el status de país "libre de la enfermedad" que tanto esfuerzos había costado conseguir.
La excusa que justificaba el silencio oscilaba entre indisciplinas demagógicas y el “mal menor” porque –se dijo por aquel tiempo- hacer público el problema significaba perder el mencionado status internacional, puestos de trabajos, divisas y detonar una profunda crisis en la ganadería y la industria frigorífica.
Como se sabe la enfermedad se generalizó de la misma manera que la información. Las consecuencias son conocidas: un verdadero desastre para toda la actividad y el país agregando algo más a los activos del descrédito que se llama antecedente y que exhibe la particularidad de ser para cualquier país crédito o bancarrota.
Es -sin dudas - un modo particular de una concepción política, diríamos un pobre modo de concebir la Razón de Estado que sustentó la acción, actuando entre ocultamientos y mentiras que demostró no sólo "que nada es para siempre" o que las "mentiras sólo son útiles cuando no se pueden refutar", sino que dio como resultado la descontrolada expansión de la fiebre y el consecuente cierre de casi el 80 por ciento de los mercados de exportación. Pérdidas incalculables y -aunque puede ser tema de otro artículo- una de las principales causas del "déficit de oferta" que hoy tiene el mercado cárnico argentino. Con lo que he contado y puede el lector suponer que acaso el desenlace podía ser de otra manera?

 

Argentinos y los fatalismos vulgares

 

En ese tiempo de crisis y quizás para escaparnos del sufrimiento comenzaron a circular chistes como lo arriba citados, -humor que opera como plantilla- para hablar de nuestros fracasos y estabamos todos "rumiando" consignas auto-denigratorias que potencian nuestro conocida tendencia a los destinos fatales. El chiste, se leía también en clave económica: "Dios repartió un factor de producción con inmensas ventajas comparativas, pero compensó sabiamente repartiendo actores que llamó argentinos".
Pasaron algunos años y muchas otras cosas, pero a los efectos de estas líneas, digamos que "el tiempo" y "otras medidas" nos tentaron a creer que se encararía el problema de manera seria y racional. Hay millones de manuales que indican con razón, que la capacidad para aprender de la experiencia y de los otros miembros del grupo es una de las razones fundamentales del éxito de los hombres o lo que es lo mismo; si algo falla, o estamos lejos de los resultados deseados hay que repensar nuestras conductas y no agudizarlas.

Al parecer ese tiempo y las medidas contuvieron algo de estas obviedades. Entonces, y como no podía ser de otra manera, las cosas comenzaron a cambiar y vimos que Dios no esta ensañado con nosotros, hicimos mejor las cosas -¿o tuvimos suerte?- y así por este hecho fuimos declarados nuevamente "libre de aftosa con vacunación" lo que recompuso la demanda internacional, como sucedió por estos tiempos con otros tipos de producciones.
El proceso elaboró otros humores y el chiste -que para muchos parece ser una equivocación-, parece quebrar el conjuro de nuestra incapacidad y entonces -¿porque no retornar a la reafirmación de destinos igualmente fatales, sólo que esta vez venturosos?

El pensar el 2000, si alguien lo recuerda, en medio de tanta euforia, es sólo una parte de un ingrato pasado, un tropiezo, una pequeña demora administrativa en un camino signado por el éxito.
Pero nada es tan fácil, por lo menos en estas geografías y no hay que engañarse. Para los adictos al fatalismo, el fracaso debe asistirnos porque el chiste no es más que una tragedia y el desenlace se conoce de antemano. Todo es en vano e inevitable, y si se observa con atención tendriamos que saber acallar las euforias porque hasta la nueva oportunidad es una condición necesaria para se cumplan los fatalismos vulgares y queden expuestos nuevamente nuestros defectos. Dice la fatalidad argentina : "Hay que tener la oportunidad y hay que desperdiciarla". Nuevamente el chiste y la noticia correspondiente : focos de aftosa.
La noticia - esta es la fatalidad - ya comenzó a mostrar el perjuicio para nuestra economía: Chile, Brasil, Argelia, Israel, Sudáfrica, Colombia y Uruguay son por ahora mercados que cierran y las pérdidas son hoy incalculables.
Que es lo que ha pasado: ¿Ingresó hacienda al país sin vacunar? ¿Se interrumpió la cadena de frío en las vacunas ? ¿De quién es la responsabilidad? El presidente de la Nación sugirió que el origen del virus estuvo fuera del territorio argentino: "Son continencias que yo calculo que vienen más por situaciones que le ha tocado vivir a países vecinos que propia de las nuestras, y Argentina va a superar este tema".
¿Es que no se han podido prevenir esas contingencias? Aun aceptando la multiplicidad de causas y hasta tanto haya un dato más concreto y una investigación más profunda del cuestionado Senasa habrá que esperar antes de hacer cualquier tipo de presunción. Se me dirá que esto nos puede pasar, pasa en otros países; las contingencias, el azar, como una variable pertinente donde la aleatoriedad no es un componente menor, y que es imposible prevenir la totalidad de los elementos que pueden conspirar sobre el hecho. Incluso, suena como una injusticia exigir que el estado debe presumir a priori que todos tendrán conductas irresponsables, aunque el hecho fuese reiterado.
Si el origen del problema está afuera de nuestras fronteras la responsabilidad oficial es innegable, pues es público lo del brote en Brasil y las cosas que pasan en Paraguay.
Ciertamente - y para bien - hay que admitir en primer lugar, que la situación parece ser notoriamente diferente a la padecida en el año 2000, que esta vez el gobierno optó por no ocultar la situación, que parece funcionar el anillo sanitario y las medidas encaradas. Sólo que debemos tener conciencia que no basta para "esta vez" hacer bien las cosas, sino rogar que crean que tratamos de hacer bien las cosas.
En el año 2000 el Senasa también comunicó que creía controlar la situación. Cuánto cambió su capacidad operativa al día de hoy?
La aftosa no es un tema de la cultura. Pero el modo que encaramos el mismo, sea la dirigencia en general, - en la indiferencia o aflicción- desnuda gran parte de la cultura de nuestra sociedad y puede ser un explicación impecable de los caminos por los cuales construimos éxitos y fracasos. Un compendio de los datos esenciales de nuestra idiosincrasia. Para este último punto - el de nuestra idiosincrasia, vale la pena exhibir también que hipótesis ocuparon parte de los comentarios apenas ocurrido el hecho - el festejo de algunos - que se alegraron por el brote, porque deducen que obrará el milagro de carne más barata en nuestra mesa, así como la suspicacia de un sabotaje para diluir la problemática que nos tenía ocupados llamada exportación-precios internos. Si esto no es una muestra de nuestro pobre individualismo en su sentido más profundo, que expresa nuestra pobreza - no solo en su sentido material, sino como carencia de cualidades - sino expresa también el juego de suma cero, cuando las ganancias de un jugador implican una pérdida del otro, y nuestra aficción por el culto de lo urgente.
La aftosa, y cualquiera fueran las causas de estas apariciones, debe obligarnos a razonar que significa la pérdida colectiva de millones de dólares en exportaciones, en tributos, en el proceso productivo, en puestos de trabajos, manejo de fronteras y el concepto de región e integración.
La aftosa -en síntesis- es una metáfora acerca de cómo nosotros podemos dilapidar o no las oportunidades si exhibimos comportamientos improvisados. Nuestro país no se sustancia en los chistes que abren este artículo, no está signado por fatalismos vulgares ni para bien ni para mal. Depende de la capacidad y destreza de sus dirigentes y de como sus ciudadanos hagamos nuestra parte. Hay que dejar de pensar nuestra caída como un hecho inexorable y entender cómo la engendramos. Nuestra situación, proviene de la pobreza humana que está en nosotros y no pudimos aun superar.


Ing. Rene Bonetto


“Soy de un país vertiginoso donde la lotería es parte principal de la realidad.”
Jorge Luis Borges, La lotería de Babilonia.

Tal vez sea cierto que la suerte gobierna la mitad de nuestras acciones, pero aun así nos deja gobernar la otra mitad”. Maquiavelo " El Príncipe".

Si vivieramos un mundo en el que todo estuviera previsto de acuerdo con un plan dado, no cabría la suerte, se llamaría destino. Pero nosotros vivimos en un mundo totalmente distinto. Hay cosas que nos pasan e implican que nos pueden ir bien o mal en condiciones y circunstancias que escapan totalmente a nuestro control cognitivo o manipulador. Pensemos y preguntémonos : "¿tuvo mala suerte la España de Felipe II al dispersarse "La Armada Invencible" en el transcurso de una tormenta en el Canal de la Mancha? Sin embargo esta mala suerte le vino muy bien a la Reina Isabel.

Las praderas tierras fértiles la herencia inesperada de riquezas que Dios o la buena suerte a dejado a los argentinos quizás escapen a esos controles y formen parte de lo inesperado y se ubican del lado de la fortuna solo que para ponerlas en acto debemos tomar medidas preparatorias y preliminares para consolidarla.

Condiciones preparatorias implicarian saber algunas cosas . Por ejemplo que es imposible ganar dinero a la lotería si no hemos jugado previamente y puede decirse que el que gana a la lotería tiene suerte, pero el que pierde, sabiendo la baja probabilidad de ganar, no tiene ningún derecho a decir que ha tenido mala suerte, puesto que se trataba de algo altamente probable; era de esperar y no le debería haber sorprendido en absoluto.

Hay que saber también que solo los patrocinadores de la lotería están destinados a ganar, los jugadores necesitan de la suerte.

Probar suerte" de vez en cuando es algo muy razonable, pero "confiar en la suerte" como una política sistemática a seguir es sencillamente una estupidez.

La suerte es la antítesis de una expectativa razonable. El tema de la aftosa no implica ni mala ni buena suerte solo un resultado entre la probabilidad y la realidad. Si actuamos descuidadamente si relajamos los controles lo que se puede esperar razonablemente (lo "que por lógica debería ocurrir) no se llamará suerte se llamara incapacidad.

La Mediocracia

Un artículo de Héctor Ruíz Núñez

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El simple arte de matar por Daniel Briguet

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Cuanto es el Stock de GAnado Vacuno en la Argentina

La Opacidad de Sector Ganadero

El Censo Agropecuario 2002 aporta información con datos en donde las provincias de Buenos Aires, Córdoba, La Pampa y Santa Fe concentran el 68% del stock nacional. De estas Provincias surge que con 32.524.549 animales censados en esta región, tienen como dueños a 81.228 ganaderos.

Sin embargo siempre a sido un tema la opacidad del sector para referirnos a cifras precisas y llega a tal grado que no es posible determinar ni siquiera el número de vacunos existentes y los márgenes de duda oscilan nada menos que entre 35 y 50 millones de cabezas. La solución no puede esperarse del sector agropecuario y debe proveerla el Estado, cosa que hoy es muy factible.

Desde el año pasado al menos la tecnología satelital permitiría identificar cabeza por cabeza de ganado en todo el país. 

 

La Sojización y las carnes

La sojización en nuestro país ha reducido el número de cabezas de ganado vacuno de 65 millones a 48,6 millones y el lanar de 60 millones de cabezas en 1970 a 12,5 millones ahora. Nos encontramos ante una situación en la cual exportamos proteínas baratas de origen vegetal para que otros países produzcan carne barata. Y peor aún la acción de su monocultivo continuado, afecta la estructura y fertilidad del suelo, sumado al sistema de cultivo que se utiliza.

 

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