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Algo sobre Kundera
Por Roberto Parodi
Milan Kundera (Rep. Checa, 1929)
La broma (fragmento)
"Niños, vosotros sois el futuro, dijo y yo sé ahora que aquello tenía un sentido distinto de lo que pudiera parecer a primera vista. Los niños no son el futuro porque algún día vayan a ser mayores, sino porque la humanidad se va a aproximar cada vez más al niño, porque la infancia es la imagen del futuro. Niños, no miréis nunca hacía atrás, decía y quería decir que no debemos permitir nunca que el futuro se hunda bajo el peso de la memoria. Tampoco los niños tienen pasado y ese es el secreto de la encantadora inocencia de su sonrisa".
(…)
A pesar de mi escepticismo me ha quedado algo de superstición. Por ejemplo esta extraña convicción de que todas las historias que en la vida ocurren tienen además un sentido, significan algo. Que la vida, con su propia historia dice algo sobre sí misma, que nos devela gradualmente alguno de sus secretos, que está ante nosotros como un acertijo que es necesario resolver. Que las historias que en nuestra vida vivimos son la mitología de esa vida, y que en esa mitología está la clave de la verdad y del secreto. Que es una ficción? Es posible, es incluso probable, pero no soy capaz de librarme de esta necesidad de descifrar permanentemente mi propia vida."
Amigos de El ruido de las nueces:
La semana pasada (disculpe esta y otras imprecisiones) Uds. regalaron un libro de Milan Kundera. Más precisamente “La Broma”. En esa ocasión Francisco Bessone deslizó un comentario que alguien le hizo, algo así como que tenía bastante de Kafka.
Muchos dicen lo mismo, en una de las contratapas de libros editados en castellano se lee la sentencia de Carlos fuentes “... el otro K de Checoslovaquia” y a diferencia de Kafka “Los personajes de Kundera no necesitan amanecer convertidos en insectos porque la historia de la Europa Central se encargó de demostrarle que un hombre no necesita ser un insecto para ser tratado como un insecto”
Kundera tiene de Kafka, esa sensación agobiante de callejón sin salida en los diferentes mundos que crean. Kundera, dice otro checo (Chvatik), nos muestra la trampa en la que se ha convertido el mundo.
En “La Broma”, Ludvik cae en los laberintos de un mundo que ha ayudado a crear: ha gastado una broma a la chica que le gusta, le ha escrito (este activo militante de la juventud comunista) “el optimismo es el opio de los pueblos, viva Trostki!!!”, y allí se desencadenan los hechos.
Ludvik ha sido juez y arte, ahora es víctima de esas votaciones unánimes, en donde se debatía la suerte de personas, en donde importa poco la verdad de las acusaciones. Para Kundera esto no es privativo de los países con gobiernos de corte stalinistas, por que en realidad los atropellos de ayer, de hoy, de mañana... nada será redimido, ninguna injusticia será saldada. El tiempo hará su tarea y las infamias caerán en el olvido.
La historia (en minúscula) transcurre al nivel de lo cotidiano, el oprobio, los condenados del régimen que pasan por al lado suyo y se precipitan en una caída que sólo detiene la muerte. Los vanos intentos por explicar que todo ha sido parte de un malentendido, de una broma, luego la resignación, el acostumbramiento a la injusticia contra los que se salen del molde.
Nuestro personaje sobrevive (¿sobrevive?) Y cumple su condena, queda resentido y se reencuentra con un mundo distinto, Praga vive su primavera. Pero esa ciudad lejos está de redimirse. Ludvik ve la decadencia de las instituciones que rigen las vidas de las personas en esa parte del mundo. Pero ojo, de todas las instituciones: las oficialistas y las opositoras.
Entre los “primaverales” encuentra a quien lo condujo a las barracas en los mejores años de su vida, y uno siente que con ese tipo de personas la apertura democrática de entonces carecía de futuro, los oportunistas que a mediados de los ´40 hoy posan de aperturistas. Cuando se encuentra con quienes gustan de la rigidez del régimen también soplan aires de decadencia. De ellos solo emanan las imposturas y los preceptos en los que ni ellos creen.
¿Qué le queda al país?
Ludvik encuentra a otros desplazados por el régimen que buscan su reivindicación.
El folclorista que añora las viejas tradiciones y que los jóvenes desprecian... incluso su propio hijo, y el cristiano que contempla una fe que se desmorona también son personajes con los que se encuentra en esa vuelta a los pagos. Ninguno de ellos puede ofrecer una salida a una sociedad que se ha acostumbrado a tener micrófonos en los dormitorios.
Ludvik, ha meditado la venganza ni siquiera puede consumar la venganza, o bien si la consuma, ya no tiene sentido. ¿Nada tiene sentido?
Ludvik, ese singular que contiene en sí toda la universalidad de las personas que vivieron en la Europa oriental, nos muestra un costado que los socialistas pensamos habían quedaron bajos los escombros del muro de Berlín. Pero Ludvik desempolva esas vivencias y nos la pasa por el rostro, Ludvik nos dispara con su experiencia y el balance de un siglo no sale ileso.
Y es que esas experiencias vitales se han incorporado a la cultura, no ya europea, sino del mundo entero.
De nada servirá ignorarlas, o creer que vale de algo olvidarse de ellas.
Esas experiencias deben incorporarse a nuestra visión del mundo, porque son parte de nuestra historia como hombres, como seres humanos que se han planteado, y que se plantearan en el futuro (mal que le pese a Kundera), un mundo mejor
Kundera “cumplió”, nos ha dejado una pintura del mundo de (Europa oriental, “Europa central corregirá Carlos Fuentes en su reciente libro”) que costará superar.
Kundera tuvo en el destierro el castigo por sus ideas y su literatura (La Broma es publicada en 1967 en Praga, después de los tanques del 68 él y sus libros serán erradicados de Checoslovaquia), nos toca a nosotros contradecirlo en su idea de lo que es hoy el mundo y de sus posibilidades de progresar, demostrar que las injusticias son redimibles.
Por ahora, el amigo Milan Kundera tiene razón
Un abrazo
Roberto
Roberto Parodi
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