|
Titulares | Columnistas | Audio | Cuentos | El Sitio | Historia | Regístrese | Contacto |
|||||
|
|
por Francisco Bessone "Soldadito a vos también te necesitamos en la lucha por la economía!
"Ustedes cartelizan y atentan contra el bolsillo de los argentinos". Señor Coto: yo lo conozco muy bien a usted y sé cómo trabaja sobre los bolsillos de los argentinos. Nosotros nos vamos a organizar desde el Estado y vamos a ayudar a organizar ligas de consumidores, y vamos a seguir lo que hacen ustedes permanentemente", deje de lanzarnos las diez plagas de Egipto. Trabaje por la Argentina y deje de presionarnos" LAS CRISIS Y LOS COMPORTAMIENTOS SOCIALES
No hace falta una crisis, para descubrir pujas distributivas. En realidad las pugnas nunca terminan, siempre están latentes en toda sociedad, se exacerban o morigeran de acuerdo a los avances o retrocesos económicos. Lo cierto es -que si hay crisis- estas se potencian. Invariablemente en crisis vemos actores que dibujan una lucha. En nuestro país se han definido -en ocasiones- por la capacidad corporativa, otras, por al abuso y el terror. Si tenemos claro que las disputas son parte de natural de la vida de las sociedades -como expresan grandes pensadores de la ciencia económica - no estamos en condiciones de resolver el problema, pero al menos, sabemos de que estamos hablando."Nunca en ningún país se declaran "tiempos de banquetes", percibimos que lo fueron cuando nos asiste la carencia, por eso no debe resultarnos extraño que cuando se perciben alivios, cuando se creen superadas ciertas entropías- propias de las crisis- se quiera estar un poco mejor.
Cuando pasan las crisis, cuando el estómago se desacostumbra a la acidez - aquella que trajo cierta indigencia - cuando se empieza a comer, se quiere seguir comiendo. Esto permite todas las miradas. Para muchos no se trata de "gula" u otro pecado capital sino de un acto de básica necesidad y subsistencia. Nunca faltaran voces que marquen las demandas como "excesos". Hay asimismo discursos con alto grado de cinismo, discursos que las reconocen, pero advierten el peso de un pasado recurrente y al escucharlos se aprecia la fuerza de su maximo argumento : Si las atendemos "repetiremos la historia". Así -estas palabras- tienen la rara virtud de que el presente se vuelva pasado, y si cambiar, es repetir el pasado: "quién se anima a reclamar". A la postre merecemos el castigo de presunta impaciencia y de esta manera la traumática memoria inflacionaria hace así su trabajo. Otros - que los hay - ven las demandas como legítimas y razonables y ubican sus soluciones en el establecimiento de un orden de racionalidad . Son los que aspiran a la presencia del un poder político como capaz de cumplir esa tarea. Quizas podemos tener claro otro punto en esta pequeña reflexión: "Es conocido el desinterés del hombre por todo aquello que no este inscripto en el pequeñisimo mundo de sus intereses concretos", y es aquí donde la política tiene el papel que cumplir. Cada parecer expresará un ínteres - legitimo por cierto - y así, sólo comprobamos un hecho -que no se justifica ni excusa-, sólo que debe haber alguien que hable en nombre de todos.
Toda demanda esta limitada por los contextos: Veamos nuestros tiempos. Cuando funcionan los bancos, cuando vuelve el principio de autoridad, cuando se dibuja cierto orden y creemos alejarnos de las perturbaciones sociales comienzan a vulgarizarse ciertos derechos, y cada uno comienza a pedir "lo que considera suyo". En crisis - y en esto deberíamos presumir saber los argentinos- nadie reclama aumentos de sueldos cuando teme perder el trabajo y son escasas las voces cuando el paisaje es la desocupación estructural; cuando abunda la miseria, más bien, en esos tiempos nos descubrimos contenidos; por más justa y legítima que sea la demanda y es probable que -si tenemos trabajo- nos conformaremos con que no nos echen, porque después de todo, "siempre en esta vida se puede estar peor".
La normalidad de un país - en un sentido figurado - es una sociedad con tensiones permanentes ya que no hay sociedad ni historia sin conflictos, e incluye ver a los integrantes de una sociedad reclamando una y otra vez atributos de ciudadanía. Los conflictos son connaturales a la política, si no existen conflictos significa que no hay gobierno. Hoy se agudizan los conflictos y se teme por comenzar a incubar una nueva crisis y reiterarnos en círculo vicioso sólo que ocurren porque estamos "algo mejor" y ese "estar mejor" determina gran parte de los comportamientos sociales. La hiperinflación - por ejemplo, (me refiero a su derrota) - permitió todo ó casi todo en Argentina -provocando mucho de lo que hoy padecemos-. Hoy muchos se preguntan: como fueron posibles la aplicación de aquellas políticas que la sucedieron? Sencillamente porque los pánicos y miedos propiciaron disciplinas colectivas y la convicción de que había que lograr alguna estabilidad, alguna seguridad y nadie se fijó en el precio. No solo fué derrotada sino que -para grandes mayorías- fué grato olvidarse de las pizarras cambiarias, hablar por teléfono después de años de incomunicación y decir nuevamente "deme dos" o cambiar el lavarropas. Luego -porque nada es gratis - vinieron otros tiempos. Huir hacia adelante, para encontrar alguna seguridad anulo gran parte de la reflexión colectiva. Había sencillamente que conjurar el pasado. Este hecho nos permite deducir que el miedo y el pánico son motores de la historia y también -desgraciadamente- pueden ser los grandes argumentos de la política moderna. Lo que nos rige no es el pasado literal... Lo que nos rige son las imágenes del pasado. George Steiner
Las crisis, la historia, las enseñanzas y la política
Aprendimos la lección? Nadie que sale de una "crisis" se convierte al otro día en un ciudadano suizo- si suponemos que los suizos son buenos ciudadanos- pero pasadas las tormentas muchos comienzan a animarse a pedir ciertas cosas. Sin dudas las demandas de los suizos no serán golpear cacerolas frente a la puerta de un banco para que le devueldan sus ahorros; el pasado de esa sociedad condiciona su reclamo. Es probable que los ciudadanos suizos estén por estos tiempos reclamando que su resumen de cuentas se imprima en papel ecológico. Las demandas de una sociedad tienen que ver con el piso de su existencia. Los suizos -cuando se los usa de ejemplo- se los describe como amantes del justo medio, como hombres prudentes con hábitos regulares y disciplinados y no se les ocurre hacer piquetes sólo que en Suiza no hay millones de pobres. Heráclito solía decír que no se puede entender una cosa sin su opuesto. Para colmo y - a pesar de todos estos datos- tenemos que asumir las caracteristicas de aquello que solemos llamar realidad y que solía desvelar al sociólogo germano Ralf Dahrendorf: "la realidad tiene una endiablada forma de ser según la cual las soluciones de una etapa suelen constituirse en los problemas de la otra". Si solucionamos en algún momento "la hiper" -con la estabilidad- nos alcanzó la deflación y otras plagas como el desempleo, si salimos de ella, -hoy reactivando el mercado de trabajo- nos acecha su antecesora la inflación. Esta caracteristicas nos asegura que siempre estaremos en problemas, pero no que los problemas no tengan soluciones razonables. Fijemos algún otro caso: Nuestro país exporta el alimento de sus clases populares y este ha sido durante décadas el patrón de su crecimiento. Si sube el precio de la carne -porque salimos del circuito de la aftosa-, para el país es una buena noticia, pero para las clases populares que consumen la carne no. Lo que es bueno para el país es instantáneamente malo para el salario real, para la mesa de los pobres. Esto de ninguna manera expresa una condena- lo que cuesta creer - que no haya una fuerza de acción y de pensamiento para afrontar otros patrones y cuestiones como esta.
En Argentina - de crisis en crisis - ha habido enormes pugnas por los ingresos. Ha habido empates, ciclos de avance, detención y nuevo avance —capaces de justificar el difundido pesimismo acerca del futuro de la economía— todos inscriptos en el contexto de la puja por el ingreso entre los distintos sectores, que a su vez formaba parte de la puja política más general, pues al empate político correspondía un empate económico. A veces intereses de empresarios y trabajadores industriales coincidian, a costa de los sectores exportadores*, otras, generalmente con devaluaciones significaron traslaciones del sector urbano al rural, otras de trabajadores a los empresarios etc.- Este desfile, obviamente, vertiginoso nos lleva a 1976 y una marcada política de transferencia de ingresos a los intereses financieros. La reiteración de episodios como los citados no puede ser casual y casi resultaría ocioso -si queremos explicar este presente- reiterar infinitas infografías de lo que ha quedado como un mapa de lo sucedido en los noventa: " grandes ganadores expresados en términos de concentración económica" y la construcción capitalista que no estaría mal llamarla la lógica del empobrecimiento y del enriquecimiento sin causa.
La misma salida de la convertibilidad siguió esta linea. Generó inmensas transferencias de ingresos, algunas de las cuales quizás eran inevitables y otras no, y en su realización fué motor y parte un gobierno, lo que nos lleva a corroborar que nunca hay estados ausentes y que el Estado no deserta ni desaparece: sólo cambia de mano o se lo coloniza - frase acuñada por los italianos que inventaron la política- de Maquiavelo a Gramsci- y quiere decir que el el Estado no deserta, deserta el gobierno. Esa historia consolidó una “cultura” de la economía en muchos sectores: se podría decir que es la cultura de la prebenda, lejana del capitalismo competitivo en cualquiera de sus versiones europea o americana donde el empresario exitoso no ha sido aquel que invierte, innova, arriesga y gana: es exitoso aquel que ha coaptado parte de un gobierno, el que asegura mercados cautivos, el que procura amistades, el que consigue prebendas. Estado coaptado y mercados concentrados forman el relieve que -al menos en parte- donde deben sopesarse las estrucuturas y actores para entender los procesos inflacionarios y la puja distributava en Argentina y esta afirmación no expresa una opinión o la instancia de un saber vulgar, sino la porfusa evidencia acumulada en cientos de informes que este mismo artículo referencia en ambas columnas. Decía Maquiavelo que el reformista tiene como enemigos a todos aquellos que obtenían provecho del orden anterior, y sólo defensores poco entusiastas en todos aquellos que se aprovechen del orden venidero”. Es sin dudas un buen pensamiento no solo para medir los probables éxitos de la tarea sino para para diferenciar cada interlocutor y los "como". Y están entre los interlocutores los que claman advertencias, y a muchos no tardamos en reconocernos como los mismos que dejaron el país en cuarentena. Los "entusiastas" -preñados en sus mensajes- de chivos expiatorios y el "como" explicitado no es otra cosa que "matar el perro" para que termine la rabia - son los voluntaristas que subestiman la actual configuración de poder. Los que temen por las demandas excesivas y afirman que no se le puede exigir al Estado bienes de todo tipo y nos recuerdan que los deseos siempre son inifinitos y la satisfacción limitada, o los de la "perinola": que sugieren que creando solamente riquezas “ganan todos” y olvidan que la historia del mundo no esta ceñida solamente al crecimiento sino a su reparto.
Todos podrán tener algo de razón y el columnista acepta las enumeraciones y se abstiene en poner énfasis en alguno de los "como" expresados. Sólo tiene unas pocas certezas. Que el problema de la inflación -que puede reconocer numerosas causas- se define como esencialmente un problema político, aunque es conciente de no caer en el abismático error al decir que los problemas políticos siempre tienen solución. Sólo cree que la política puede llegar a asignar una respuesta ( no siempre tiene que ser única, ni adecuada). Que sólo la política podrá hacer que las demandas imcompatibles -por su mediación- las puede transformar en compatibles. Después de todo al afirmar esto no decimos nada nuevo: "el mayor problema político que afronta toda sociedad es la distribución de los recursos escasos", sólo que se trata de un juego en el que debe haber reglas racionales y previsibles, y un Estado -y esto es decisivo- que defina desde allí políticas autónomas, no un Estado con vacancias a disposición de quien pudiera capturarlo.
Notas: * Así muchos definen la etapa del primer gobierno gobierno Peronista. La alternancia en lo que Guillermo O’Donnell describió como un empate hegemónico.
** La batalla contra el agio y la especulación, iniciada en 1946 con la famosa "campaña de los sesenta días", la que llevó esta vez a la cárcel a decenas de pequeños comerciantes. La mayoría de ellos eran almaceneros, a quienes se aplicaron severos castigos que afectaban tanto sus intereses comerciales como sus derechos civiles. Hugo Gambini "Historia del peronismo". La obsecuencia (1952-1955) *AGIO: Denominación que se dio a la "Dirección Nacional de Vigilancia de Precios y Abastecimientos" que entre los años 1951 y 1956 reprimió el agio y la especulación en los precios. Integraba la Policía Federal Argentina.
|
|
|||
|
El Programa Partícipe
Areas Temáticas Mercados de Naftas y Combustibles - Los Informes - Un informe encargado por el gobierno de la Alianza revela que en el mercado de combustibles las tres multinacionales operan como un cártel, con ganancias por 1000 millones de pesos al año. El documento nunca fue difundido por presiones del poder económico, sostiene además que en la mayoría de los quince sectores industriales investigados los índices de concentración triplican el límite que la División Antitrust del Departamento de Justicia norteamericano fija para clasificar a una industria “altamente concentrada”. MULTA En marzo del 2000, la Comisión Nacional de Defensa de la Competencia sancionó a YPF por haber ejercido abuso de posición dominante entre 1993 y 1997, causa por la cual tuvo que pagar 109 millones de pesos. La concentración también alcanza a la etapa de fraccionamiento. En la actualidad operan 50 fraccionadores, pero Repsol, Total Gas, Cañuelas Gas, Shell Gas, Amarilla y Gas Areco controlan el 80 por ciento del mercado. Según información proveniente de la Subsecretaría de Defensa de la Competencia, el precio de referencia de Repsol para las etapas de fraccionamiento y distribución es un 172 por ciento más caro que el de las cooperativas que operan en el mismo segmento, pero el predominio de la transnacional española es tan grande que termina imponiendo sus precios en el mercado. LOS MODOS DE COMPETENCIA Ambas investigaciones, realizadas por la Comisión Nacional de Defensa de la Competencia (CNDC), destacaron la facilidad con que las empresas eran formadores de precios, trasladando totalmente al precio final cualquier aumento en el impuesto a los combustibles; o competían “a través de publicidad, propaganda, sorteos, pero no de precios”. Sin embargo, ninguna se atrevió a concluir que las grandes, que acaparan el 90 por ciento del mercado de naftas y gasoil, actuaban en forma de cartel, y las causas se cerraron. Que es la cartelización y el pacto de caballeros Se llama cartel cuando los competidores se ponen de acuerdo y pactan precios y condiciones para sus productos. Se observaría en los competidores una especie de "pacto de caballeros" LAS TEORÍAS DE LA INFLACIÓN La multitud de teorías explicativas puede agruparse en tres tipos: las que consideran que el origen de la inflación se debe a un exceso de demanda (Inflación de Demanda); las que consideran que los problemas se originan por el lado de la oferta (Inflación de Costes); y las que consideran que la causa de la inflación está en los desajustes sociales (Inflación Estructural).
|
|||||
|
Titulares | Columnistas | Audio | Cuentos | El Sitio | Historia | Regístrese | Contacto |
|||||
|
El Ruido de las Nueces |
|||||
|
|||||