Titulares | Columnistas | Audio | Cuentos | El Sitio | Historia | Regístrese | Contacto

Francisco José Bessone

 

Reflexione con nosotros....      agregue pareceres ...        esperamos su opinión.... nuecesbesso@yahoo.com.ar  

Era de la austeridad. Estatuto del carnicero “Art. 1. El Estado [...] asegura al carnicero una ganancia mensual no inferior al sueldo de un general de la Nación [en caso contrario el carnicero podrá aumentar los precios en un 2.000 %] [...] Art. 10. Prohibiese a los habitantes del territorio argentino el abuso de fideos y de otras pastas que no conducen sino al debilitamiento de la raza y a la ruina de la ganadería. Cada patriota consumirá, por lo menos, un kilo de carne al día.[...] Los vegetarianos sorprendidos en sus turbias prácticas de sabotaje, serán juzgados como infames traidores a la Patria.Tía Vicenta, Buenos Aires, 30 de diciembre de 1958, año II, nº 73.


 

Cuando los diarios no paran de decir que los precios de la hacienda en Liniers fueron buenos, firmes o sostenidos, muchos caminan temblando a la carnicería porque temen sufrir en "carne propia" las conocidas consecuencias.

El carnicero sabe difusamente que a un pueblo se lo podría definir por sus comidas. Intuye que lo que vende, es para nosotros -los argentinos - una tiranía, más que una elección. Lo que cuelga de esos ganchos son como "frescos racimos" que nunca dejan de tentarnos.

Para los que comen todos los días es el plato central de 24 comidas por mes.

Así la carne, es algo que muchos tenemos fijo, grabado en el estómago, en el olfato y hasta impregna nuestros modos coloquiales. "Irse a los bifes", hasta "poner todo en la parrilla" -modos carcelario uno, y ejemplo de la mayor audacia el otro- están desde siempre entre nosotros. ¿Hace falta recordar que Echeverría haya escrito "El Matadero" en el siglo XIX, y que Urquiza tanto como Rosas eran dueños de poderosos saladeros?

Escasea hoy y parece casi una nostalgia, -afortunadamente-, la dupla de vocablos: "relaciones carnales".

A esta altura intuimos que si se expresan aumentos -aunque mínimos en el puchero o en la falda - que puede representar en la vida de los pobres; quizás, nada menos que una comida menos en el día.

Contrariamente, un peso más en el lomo u otros cortes refinados, es de imaginar que en nada empeorará la situación de las clases acomodadas.

El carnicero y nosotros intuimos. Descontamos que el presidente de esta cuestiones sabe.

Si esto es así, como no esperar que, - preocupado como dice por nuestro hambre y la inflación - anuncie, con su habitual estilo decisionista algunas medidas. Para este caso, las mismas consisten en la prohibición de exportar carnes, procurando así mantener el control de los precios internos. Lo desvela una pena extraordinaria. Sabe que cada punto de inflación, genera 150000 nuevos pobres en la Argentina.

La escena es recurrente en nuestra historia. Algunos aseguran que es el hilo conductor para comprender casi dos siglos de realidad argentina y explica que, a cada momento exportador (devaluatorios, de dólar alto) suelen deprimirse los ingresos porque aumentan en precios los alimentos .* Nos comemos lo que exportamos, es la asombrosa particularidad argentina. Hoy, cuando empieza a comer China, y demanda nuestro apreciado alimento, no sabemos si reír o llorar.

La medida -inédita en la historia- desecha todo lo aplicado antaño. No sólo porque esas, no aseguraron en su momento eficiencia, sino porque cree en la eficacia de estás. Ella, habla por si misma de los responsables, y descuenta al implemetarla, contar con apoyos mayoritarios. No sólo porque se erige como protector de la codicias, sino que además, en el tema de las carnes; como otros tantos de la economía nacional -y más cuando hay algún aumento- es fácil preñarlo de sospechas.

Sabe que cuando nos tocan el bife, todo se enrarece, y hasta el inefable Samid -que por estos días aparece en escena-, puede resultar una espada con buena sintonía pública. Después de todo no era tan malo - dice Doña Rosa mirando por televisión como el matarife defiende al presidente - y no debería extrañarnos si el actual gobernador bonaerense, Felipe Solá, que antes estaba empeñado en llevarlo a la Justicia, (por incumplimientos reiterados en materia impositiva y definirlo el más viejo ejemplo de la evasión fiscal), hoy lo mire con cariño y apruebe cada unos de sus gritos.

Se robustece también, el mito del imaginario colectivo -forjado a través de innumerables textos - válidos para caracterizar gran parte de nuestros procesos históricos y se ponen eufóricos los más nostálgicos. El tema de la carne, y la imposibilidad de su consumo, obra el milagro de resucitar viejas categorías conceptuales y así se suceden: "cultura de la renta", "oligarquía terrateniente" y aseguran que, - si los precios no ceden - que pronto se escucharan a las mujeres en las carnicería platicando insistentemente las vergüenzas del pacto Roca Runciman o la conquista del desierto. Algunos solamente repetirán estas cifras: Cuarenta millones de hectáreas a sólo 1843 personas.

Por supuesto que si baja el precio todo se calmará; porque ya sabemos que en el fondo de toda alma argentina, siempre está querer ser un estanciero.

No importa que el último censo agropecuario pueda demostrar que las cosas han cambiado, lo importante es que la gente crea que alguien les saca la comida de la boca y ayuden en la cruzada.

No es que el presidente invente los codiciosos; -están en todas las latitudes - solo que en nuestro casos el presidente los acusa de padecer -como rasgo identitario- una compulsión exagerada. Así, adecuadamente, dispone que la Secretaría de Defensa de la Competencia se asiente en el Mercado de Liniers, y también la Afip, descuenta que si no ceden sus pretensiones se podrán exhibir fichas completas de comportamientos morales dudosos. Guardamos para el final a el contador cordobés -hoy estrella en los medios- Santiago Montoya, si la cosa no sale según lo planeado.

Algunos suelen mugir que: "con tanta convicción fiscalista no debía esperar estas fechas para visitarlos". La evasión siempre está mal, aun cuando la hacienda está en baja.

Con el estómago inscripto en el gran alimento nacional, y un grupo de eternos ingratos- ávidos de lucro- acechando para escupirnos el asado, se interpone un solo hombre: el presidente ¿Quién puede estar en contra de una causa tan justa?

Esta vez se terminaron los desafortunados y hasta inmorales consejos de otros tiempos, de hacer consumos más reflexivos que sugerían matizar nuestra dieta con sushi japonés, aderezos y quesos franceses y preocuparnos por comer "más sano"; o aquellos otros que incluían todo tipo de embutidos misteriosos. Esta vez, la "carne primero es para los argentinos".

Esta vez, parece que las penas no son más de nosotros, ni las vaquitas ajenas, aunque haya miles de alambrados.

Pero entre la euforia, no faltan las advertencias: Y se dice que las medidas se agotarán muy pronto en su propio entusiasmo, y los que aplauden, no saben lo suficiente para ser pesimistas. Que a este paso se terminan las vacas; se compromete el futuro nacional, que pronto faltarán divisas y cundirá la desocupación; y más; "en poco tiempo estaremos importando".

Algo no tan increíble, ya que hasta hace poco fuimos campeones en esta materia: ¿quién no recuerda las galletitas de Alemania, los jamones de Suecia, arvejas del Canadá, tomates de España y carnes del Uruguay? Lo cierto, y a pesar de la cuota de razonabilidad que ellas puedan tener, los que se animan a profetizar, por ahora, parecen una especie de Casandra que se cansó de decirles a los Troyanos todo lo que deberían saber sobre el caballo de madera, incluso, hasta lo que había dentro de su panza. Fué inútil, lo dicho fué desestimado y la trataron de loca.

Hasta aquí, según las encuestas la tribuna brama y desecha lo porvenir. Hasta es posible imaginarse a un joven en la carnicería (no adicto a la hamburguesa) cuando se lo advierte que se trata del famoso "pan para hoy, y hambre para mañana" que pueda repreguntarnos mirándonos a los ojos ¿disculpe señor, acaso el futuro no es hoy?

O imaginarse otros, gritando el fantástico graffiti : "terminemos con las realidades, solo queremos promesas".

Ha esta altura de la nota.¿No me diga que no lo embargan sentimientos complejos?

Yo ávido de información y, -porque quiero seguir comiendo carne- he conocido la complejidad del tema a través del excelente artículo del Dr. Carlos Leyba -que publicamos en nuestra página- y confieso que, si bien me fue de enorme utilidad para elaborar estas líneas, comprobé una vez más que el deseo de saber demasiado puede traer culpas. Nuestra historia repetida no permite saborear un pedazo de carne con actitud despreocupada.

Solo recordé un texto: "El coronel no tiene quien le escriba" del genial de García Márquez. Volvió a mi mente aquel coronel abandonado en una soledad devastadora, apenas si compartida por su mujer, su gallo, la añoranza de batallas pasadas y... la miseria, y el registro del siguiente diálogo:

Lo único que se puede hacer es vender el gallo -dijo la mujer.

-También se puede vender el reloj.

-No lo compran.

-Mañana trataré de que Álvaro me dé los cuarenta pesos.

-No te los da.

-Entonces se vende el cuadro.

-No lo compran -dijo.

-Ya veremos -dijo el coronel suavemente, sin un rastro de alteración en la voz-. Ahora duérmete. Si mañana no se puede vender nada, se pensará en otra cosa.

Digame si esta no podría ser la historia de un país.

 

Francisco Bessone

NOTA: *Entre la equidad y el crecimiento de Lucas Llach y Pablo Gerchunoff (Siglo XXI, 2004)

 


Otros Textos

Castell y Puerto Madero. Francisco Bessone

Dios el reparto del mundo y la Aftosa Ing. René Bonetto

La espiral del silencio. Ing. Rene Bonetto

Bielsa la lección de un maestro. Rene Balestra

Dos textos de Augusto Monterroso

Una noche con Dolina. Francisco Bessone

Kirchner Tinelli Políticos e Intelectuales. Francisco Bessone

La Extraña por Daniel Briguet

Desayuno por Daniel Briguet

Consejo de la Magistratura. Dr. Oscar Blando

Analizando Editoriales de los grandes diarios argentinos Morales Solá y Mariano Grondona Francisco Bessone

El simple arte de matar. Daniel Briguet

EL Hipersidencialismo y los parecidos " Presidentes Menem y Kirchner

Otro robo del siglo. Francisco Bessone

Borocotización Rafaelización. Dr. Ricardo Monner Sans



El Programa

La entrevista

Los hechos en Francia

Neofuedalismo Capitalismo tardio

Elecciones 2005

Profecías Auto cumplidas

Globalización y Literatura

Dolina en la Feria del Libro

El Alca

Partícipe

El cuento del Oyente

El rincón de la queja

Derecho de réplica

Proponga temas

Oyentes en el exterior

Futuros Periodistas

Ultimas Noticias

Nuestros Links

Medios de Comunicación

Filosofía

Historia

Ciencia Política

Arte




Titulares | Columnistas | Audio | Cuentos | El Sitio | Historia | Regístrese | Contacto

fondocontexto

© 2005 El Ruido de las Nueces - 2000 Rosario - Provincia de Santa Fe - República Argentina- Todos los derechos Reservados ®