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"LAS ESFERAS"

Un Cuento del Lic. Mario Lo Ré

 

“..Yo escribo Para mi, para mis amigos y para hacer el transcurrir del tiempo un poco menos pesado. Jorge Luis Borges.

No existen más que dos reglas para escribir: tener algo que decir y decirlo. Lucio V. Mansilla

"Para escribir bien, no sirve leer, no sirve fumar, no sirve el alcohol, no sirve dormir, no sirve caminar, no sirve hacer el amor, no sirve sufrir. Lo único que sirve es escribir". Onetti.

 

 

Todo era normal esa mañana, el sol, los guardapolvos, el tránsito y el murmullo matutino como el eco de una cascada lejana, interrumpida a veces por una bocina o por una guerra entre gorriones patoteros.
Un día mas como tantos en Oroño y Pellegrini. A la derecha se me colaron por la ventanilla los cancerberos gigantes del Castagnino, indiferentes como siempre, un poco lúgubres como siempre. Delante la rotonda ya sin el arbolito de navidad pero con las coloridas flores acicaladas y regadas temprano por los muchachos de parques y paseos.
De pronto, de la nada, frente a mis ojos atónitos, flotando en el espacio; las esferas. Un limón, una pelotita de tenis despeluchada, una naranja.
El heterogéneo conjunto comenzó a girar con loco vértigo, a veces en sentido horario, de pronto cambiando abruptamente de dirección, rebotando, deteniéndose, arrancando. Las leyes naturales colapsadas. Newton y Galileo vencidos
-¿Qué magia es esta pensé? ¿Quién las manipula?
El tiempo se detuvo, no se como explicarlo mejor, tal ves pareció detenerse a fuerza de ralentizar los relojes. Se paralizó la escena. Excepto las esferas.
Ante tan sobrenatural situación hice lo que probablemente haríamos todos. Mire a mi alrededor. Observé asombrado a la señora y al caniche fulminados por medusa, el semáforo en eterno rojo, el corredor de pantalón corto, fotográficamente suspendido, tratando de avanzar en vano, las palmeras torcidas grotescamente por un viento inexistente. Todos transformados en estatuas de sal. Evalué algunas explicaciones.
Estoy soñando, me quede dormido, trasnoché viendo el partido y estas son las consecuencias. Y dije:
- Que peligro dormirme manejando .Que irresponsabilidad. Menos mal que me di cuenta. Tengo que despertar ya mismo de este onírico cuadro de Dalí.
No tardé ni un instante en comprender que no se razona mientras se duerme y mucho menos se domina la voluntad.
-Esto no puede estar pasando. Agregué.
La tesis rival fue por supuesto la de estar muerto y en alguna especie de purgatorio o limbo ganado a fuerza de pecados y omisiones.
La tercera opción fue: Literalmente el universo se volvió loco o el loco soy yo: esquizofrenia repentina y aguda.
Creo que en ese momento, mi momento, no el de los otros, sentí que me taladraba la nuca una presencia. Al voltear a mi izquierda un barbado señor me miraba fijamente.
Los dos teníamos las ventanillas bajas. Me escrutó sin hablar. Le dije
-¿ Quién te creés que sos para interrogarme?¿ No te das cuenta que nadie los ve?¿Vos si?
No me contestó. Pero no se desvió ni un milímetro del objetivo.
-¡¡¡ No lo veo, no lo veo, no te das cuenta que no lo veo!!!, le grité. ¿Qué querés que le haga? No tengo la culpa. Están por todos lados.
Inmutable, sus ojos ya no preguntaban, se pusieron tristes. Con la tristeza más profunda que se pueda imaginar. Y con el universo detenido y la cabeza gacha no pude retener las lágrimas. Cuando logré alzarla lo vi. Escuálido, como de seis años, descalzo, virtuoso, de carne y hueso, corpóreo como cualquiera. Revolví mi billetera hasta pellizcar las malditas monedas escurridizas. Le alcancé algunas, me lo agradeció con una herida y vieja voz.
Las esferas se detuvieron y el universo arrancó. Con vergüenza intenté mirar al tipo que ya no estaba. El semáforo en verde y un bocinazo trapero me atoró en la salida. El malabarista invisible de renegrido ojos espera ahora nuevamente su turno.
Yo espero el mío, el día en que también desaparezca para todos.
Mario Lo Ré


"Anécdotas de Chejov" de un artículo de Guillermo Saccomano Radar 14/11/2005

Chejov

Antón Pavlovich Chejov nació a orillas del Mar de Azor, en el sur de Rusia, en 1860. Y murió en una clínica en Badenwailler en 1904

Un obsesivo y empeñoso profesor de literatura veneciano Piero Brunello, se tomó el trabajo de revisar la voluminosa correspondencia de Antón Chejov y extraer de allí unos 99 consejos para escritores. Radar presenta una recopilación de estas pequeñas gemas del arte de narrar

Una tarde un amigo encontró a Chejov corrigiendo un cuento en un banco de plaza. Chejov tachaba y tachaba. El amigo le reprochó el entusiasmo con que el escritor eliminaba adjetivos, frases, párrafos enteros. “Se enamoraron, se casaron y fueron infelices”, le dijo el amigo. Si seguía tachando, le dijo, no iba a quedar nada. “¿Acaso hay algo más?”, le preguntó Chejov.

Otra anécdota que se cuenta sobre Chejov es la de esa joven señora que le enviaba sus cuentos atribulados de emociones. Chejov tardó en contestarle. Y cuando hastiado de la mojigatería, por fin lo hizo, le escribió: “Sus personajes lloran y usted con ellos. Quien debe llorar es el lector. Hágame caso: sea fría. Eso: sea fría”. Así era la manera Chejov de narrar. Que consistía además en capturar siempre “algo de la vida real, sin trama y sin final”.

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