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"Del Mundial se puede hacer un acto pedagógico, ya que ver los partidos en la escuela exige normas de convivencia y hasta se puede usar para producciones en diversas asignaturas. La sociedad pone el fútbol adelante y la escuela no puede estar afuera", de una secretaria general de la Unión de Educadores de la Provincia de Córdoba.
La vida temática de una sociedad es un síntoma importante de su estado
No solo del "mundial" se puede hacer un acto pedagógico -que es apenas un acto de la vida - pero la polémica, revela que en nuestra sociedad el fútbol ocupa una gran parte de ella y a esta altura parece saludable que se admita su preponderencia. El admitir su centralidad, puede desesperar a los que todavía honradamente creen que la escuela es el último refugio de la razón consagrada y la exigencia de "deber ser"; un espacio ajeno al entretenimiento, pero ya deberían darse cuenta que el fútbol juega la delantera, tira todos los centros, hace los goles y la escuela ocupa el digno lugar, - pero secundario - de los aguateros, más relacionado con apagar incendios que con la reparadora de dar un poco de agua. Destino fiel de la institución, no solo asignado a la escuela; se puede aplicar al país, a sus gobernantes, que también parecen tener la resignada misión de ir "detrás de los acontecimientos". Hoy, la necesidad a impuesto otro orden; primero contener y luego enseñar. Esta jerarquía puede verificarse cuando miles de chicos comen la fruta o hacen su digestión en la clase de matemáticas. Es cierto también - como sabiamente se ha dicho que - un poco de sinceridad es algo peligroso y en extremo, absolutamente fatal, pero es preferible asumir la verdad, aprovechar al parecer de las pocas pasiones genuinas que nos quedan, y coordinar estrategias para aprovechar. Para los que se horrorizan de que así sea y quieren ser los últimos en enterarse, va como un remedo estas líneas como un intento de contribución al caso, con las siguientes propuestas. Si para enseñar algo necesitamos de alumnos, descontemos desde ya la asistencia, es probable que -por lo que convoca el evento- y con más de un partido por día, que los del turno mañana también estén por la tarde. Esperemos, en síntesis, el sueño de un maestro: aula llena; si tenemos un buen discurso quizás se obre el milagro. Entonces porque no sugerir que haga aparición el profesor "José Ilusión" y antes de cada partido diga: -"Queridos alumnos; los que están por vivir será un acontecimiento único y extraordinario. Por 90 minutos y algo más, todos estaremos incluidos e unidos como un solo cuerpo; las gargantas ya no serán individuales, formaran el grito que unirá nuestros almas en un ansiado "yo colectivo", propósito de toda gran Nación, y se verá la magia donde lo "diferente, se transforma en igual". Con afirmación tan respetable y anunciando que puede dar un ejemplo concreto -porque el acto pedagógico exige de la teoría, tanto como de la praxis- mirando a Jorgito, - que tiene las zapatillas rotas y su papá no tiene trabajo, y es un desfavorecido de nuestra economía- y esta enloquecido por compartir el partido con sus amigos, le dirá: -"Jorgito compartirás con Carlitos este singular acontecimiento, y verás como se borran todas las diferencias" y Carlitos -que tiene la suerte de tener un papá exitoso y zapatillas flamantes y esta ocupado en hacerse de un lugar en la tribuna , - junto a Jorgito- escucharán al Profe Ilusión que seguirá diciendo: "Ambos -sentenciará- , serán participe de este sueño imposible". Con semejante ampulosidad, "José Ilusión" estará a punto de ser ovacionado pero, como la tarea de enseñar esta plagada de abnegaciones y no de parecer simpático, deberá rematar pausadamente diciendo; -"Pero chicos, cuando termine el partido, cuando termine el desenfreno, cuando todo se instale caprichosamente en su lugar, no esperes Jorgito que milagrosamente cambien tus zapatillas, ni que tu papá consiga trabajo". Dicho esto hará un prudente silencio. Puede ser que vuele alguna tiza, que Jorgito se enoje, porque a pesar de su edad intuya o sepa de esta obviedad manifiesta y junto a los demás alumnos convertidos ya en una peligrosa tribuna afirme que, él tiene derecho a un poco de alegría. Entonces, en esta adversidad y con la obligación de mostrar el roble que tienen nuestros educadores se le contestará que, está bien, pero que la "alegría no debe prevalecer sobre el espíritu crítico y hay que jugar el propio partido para que las cosas cambien". Y para echar más llena al fuego y asumir -como tantos maestros - peligrosos riesgos dirá: - Sepan, -queridos alumnos- que somos "espectadores", no "participantes". Ya sé que los alumnos pueden mirar a "José Ilusión" con cara de asco y si algún salvaje llevo una bomba de estruendo para festejar se la querrá poner entre las muelas, pero ya lo sabe un maestro: siempre hay que arrojar mil semillas para que quizás prospere una flor. Descontando que ya flota un aire un tanto enrarecido y para distender momentos tensos hará su entrada el Profe "Pepe Falta", -disfrazado de arbitro -, y repartirá tarjetas rojas y amarillas y sin preámbulos debe decir: "si el mundo se rigiera por las normas del fútbol, -que son iguales para todos - el mundo sería un lugar mas digno para vivir" -y agregará - y nosotros además de ser una potencia mundial como ya lo somos en fútbol, seriamos quizás una potencia económica. Con leyes parejas y cuando dos amarillas equivalen a una roja, independientemente de qué jugador las reciba, y la regla del off-side, que no diferencia equipos ni países, el Mercosur quizás superase al Nafta. Se podría amonestar a poderosos líderes mundiales, expulsarlos en su reincidencia, y quizás recuperar las Malvinas sin una gota de sangre. Si los salvajes en ese momento no se emocionan, es porque nuestro acto pedagógico es un perfecto fracaso y ellos prefieren ese estado a un poco de sociabilidad. Pero aun así, nuestra tarea es convencer y no habrá que resignarse. Cuando aparezca un corto del país de nuestros rivales -sabemos que nos toca África- y en la promoción veamos sus paisajes, su ubicación en el mapa; su producto bruto interno; y seguramente aparezca un brujo que invoca la protección mágica del arco y del arquero, o consulta a los adivinos y suponemos que no les faltan deseos de embrujar nuestros gladiadores, antes de burlarnos de ellos, pensemos y preguntemos: ¿que pensará un africano cuando ve a los nuestros se persignan al entrar ? Aunque este por empezar el partido y los alumnos se impacienten, y a esta altura ladren por irse a sus casas, "José Ilusión" retomará la tarima y dirá que "a pesar del evento en directo que verán más de 37000 millones de espectadores hay muchos otros millones en diferentes partes del mundo que estarán ajenas a él", (y aunque el mismo José Ilusión piense que no saben lo que se pierden) ¿dirá saben porque? solo porque no les interesa. Así quedará palmariamente demostrado que, no todo lo que existe, existe porque se ve por televisión, aunque sea un mundial de fútbol. Quedará poco tiempo y puede ser que las tizas sigan lloviendo, pero no faltara la valentía del Profe "Luis Insigna" que intente explicar que a pesar de tantas banderas, camisetas puestas, bombos y caras celeste y blanco, que exaltan tanta patria y nacionalidad, si repasamos nuestro ultimo censo económico, casi todo por aquí, es extranjero, para terminar sugiriendo que, ante tanta pérdida material, las banderas es casi lo único que nos queda, y sugerir que esto se trate de una natural compensación simbólica y que somos buenos en fútbol, pero nos vamos al descenso en otros ámbitos. Finalmente, y aunque estemos a punto de ser ahorcados -porque ya nos han sacado a patadas porque molestamos el rito, y nos amenacen que se lo contaran al ministro de educación y los padres vayan a buscar la soga -: y porque el acto pedagógico, consiste -entre otras cosas- en reforzar valores en los alumnos y hoy estamos decididos a fomentar el acto de la vida, quedará seguramente un hilo de voz de un sacrificado maestro que se prodigue en tratar de recordar a los chicos, otro mundial, el de 1978, y como los mayores genocidas de nuestra historia fueron aplaudidos por una nacionalidad deportiva enajenada y, que a metros de ese mismo lugar de festejo, se torturaba y mataba. Terminará - porque ya empieza el partido - explicando como pueda, como ese hecho nos llenó de culpa y de vergüenza. Si hacen silencio y salvamos nuestras vidas, con lo que quede de voz, hay que aclarar que de eso no tiene la culpa el juego, sino pensar lo que puede hacer el juego con nosotros. Francisco José Bessone
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"Otro Robo del Siglo" por Francisco José Bessone Otros Títulos
La Mediocracia Un artículo de Héctor Ruíz Núñez
"60 años de vida económica argentina" un artículo de Roberto Paladini
El Fútbol y su relación con la economia. Aldo Ferrer
Si el fútbol estuviera regido por el FMI, el Banco Mundial y las grandes multinacionales, la Argentina no sería ninguna potencia del balompié, jamás hubiese ganado dos copas juveniles un mismo día ni figuraría entre los favoritos de este Mundial. Y al revés, si las relaciones económicas internacionales se rigieran por las normas del fútbol, que son iguales para todos, el Mercosur quizá superase al Nafta. Con ideas así estuvo jugando el Dr Aldo Ferrer, economista (..) En realidad, la Argentina como tal no siempre fue exitosa en el fútbol. Durante el decenio peronista, aunque se daba por descontada la incuestionable supremacía del fútbol nacional, el país se mantenía aislado y no participó en los mundiales de 1950 y 1954. El retorno a la confrontación internacional, en 1958, culminó en un desastre, destruyendo el complejo de superioridad. Durante los veinte años siguientes, el cotejo con las potencias futbolísticas añadió una larga lista de fracasos. La historia cambió en 1978, en el siniestro escenario de aquel momento, pero el giro recién se consolidó tras la caída de la dictadura militar.) A partir de 1986, los seleccionados nacionales recibieron el apoyo de "políticas activas", como las que proponen algunos economistas: los combinados contaron con los recursos económicos y la cesión de jugadores que necesitaban. Los resultados --a pesar de los inevitables tropiezos-- fueron espectaculares. |
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El Fútbol: La nueva religión Laica
"Un gran critico de fútbol que escribe en Le Fígaro, Jacques Meunier, dice, en su reseña del libro, que el fútbol es como una religión en la cual no faltan el dios absoluto (la pelota); los fieles, con sus símbolos y rostros pintados para entrar en la liturgia; el castigo (los goles del equipo contrario), la crucifixión (el penal), y la eterna promesa de gloria, que se renueva en cada misa (o partido). Afortunadamente, en la comparación no incluye los sacrificios humanos. (..) El fútbol es, tal vez, un rito, una nueva religión laica, una cortina de humo política, el mayor escenario dramático, un gran negocio, la mejor sublimación de las guerras, un espectáculo mediático sin límites.
"Sonría, lo estamos filmando" por Francisco José Bessone
"Me encanta Dios" - un relato de Jaime Sabines
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