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Néstor Kirchner caricatura |
La cuestión de la carne ha sido - y es -un tema difícil de domar. Gobierno de todos los colores han aplicado veda al consumo y hasta han eliminado la carne del índice de precios. Algunos lograron el objetivo: bajo la fiebre. Se calmó el mostrador. No es poco. Pero la infección continuó. El stock ganadero, la fuente real de la oferta, es más o menos el mismo que hace treinta años. Pocas, o ninguna, política de contención de precios estuvo asociada consistentemente a promover la oferta. Dicen que tenemos 55 millones de cabezas. Pero 50 millones es una cifra de consenso. Lo mismo que hace tres décadas. Ha mejorado la productividad: la producción algo aumentó. La población, desde entonces creció el 50 por ciento. Si nivel y distribución del ingreso fueran iguales que en 1974, la demanda interna, sin cambios en la alimentación, sería 50 por ciento mayor. La situación sería más grave de la que es. Pero mientras en aquellos años sólo el 5 por ciento de la población estaba debajo de la línea de pobreza, y el ingreso promedio similar al de hoy, en estos días los que están debajo de la línea de pobreza son más del 30 por ciento. Por eso la presión potencial de consumo sólo se ha incrementado 10 por ciento. La "mala noticia" es el actual ritmo de recuperación de empleo y niveles de ingreso. La "otra mala" es que en los últimos 40 años la población se duplicó. Y que China, que hoy consume 5 kilogramos de carne por año y por habitante- un décimo de lo que comemos- experimentará un aumento fuerte del consumo. Si aumenta un kilo por habitante y por año, la demanda adicional representaría el doble de nuestras exportaciones de carne de 2005. Las que han sido un récord de tres décadas. Es decir: Argentina tiene por delante un horizonte de incremento en la demanda de carne. Si la línea de pobreza se revierte y vuelve a tener sólo el 5 por ciento de la población por debajo y continúa el crecimiento chino ¿cuál será la dinámica de la demanda interna? Y si se corona con éxito el proceso de apertura y calificación en los mercados internacionales ¿cuál será la presión de la demanda externa? Hoy tenemos problemas de precios. Y por delante tenemos un mercado gigante. Esa es una parte del escenario. Desde el año 2000, Brasil exporta más carne que la Argentina, y desde entonces la triplicó. En los últimos 20 años su producción se multiplicó por tres. La nuestra, en ese lapso, aumentó el 10 por ciento. China - el mayor productor del mundo- desde los 80 multiplicó su producción por cinco. En el 2005 dimos un salto con nuestras exportaciones como producto de una constelación de fenómenos positivos, entre ellos la mejor calificación aftósica y el boom chino. Pero también influyeron los fenómenos negativos- la vaca loca la aftosa- que afectaron a algunos competidores. Estamos a la puerta del creciente comercio internacional de carnes. El precio de nuestras exportaciones está por debajo del promedio y es la mitad de lo que obtiene Holanda o Dinamarca. Pero mejorar la cantidad y calidad nos llevará a precios más altos. La ausencia de la visión de largo plaza, incluso en las estrategias de precio, contribuyó al estancamiento. Las cabezas de ganado medidas por habitante revelan una disminución descomunal y, por lo tanto un conflicto difícil de saldar, si es que la estrategia del país es más carne para consumir y más para exportar. ¿Razones? Todos los fracasos en la expansión de la oferta tienen el mismo origen: ausencia de estrategia y atracción fatal por el corto plazo. En este 2006 los precios mayoristas y minoristas de la carne, que han dado un salto, protagonizan la tapa de los diarios. Es que se sienten fuertes en el índice de precios y en el bolsillo de las familias. Claramente, lo salarios en blanco van por detrás del bife. mantener el presupuesto familiar en equilibrio obliga a reducir el consumo o dejar de lado otras cosas también necesarias. Pero mirando las relaciones de precios del producto final con sus insumos básicos, el negocio de la carne dista de estar mejor en los últimos años. Por cierto ha mejorado mucho con respecto a la crisis 2001/2002. esa mejora rural pesa en la canasta urbana. La capacidad de compra de gas oil y de alambre, medida en precio de novillo, es hoy un 30 por ciento menor de lo que era en promedio de 1997/2000. El pasado era mejor. El novillo compra 16 por ciento menos en términos de tractor y pick up. En la salida del 1 a 1, los precios de la carne, en relación a los insumos, empeoraron su capacidad de compra. Fue un ciclo de liquidación - ventas de hembras- que, iniciado en el 2001, alcanzó su mínimo en el 2002. En diciembre del 2001, el precio de la carne estaba por el piso. Comprar gas oil costaba, en carne 67 por ciento más que ahora. Y en julio del 2002, con la devaluación en marcha, comprar con kilos de carne un tractor costaba el 67 por ciento - y una pick up el 57- por ciento más que ahora. ¿Entonces? Respecto del precio de sus insumos la carne se esta recuperando de la caída que tuvo desde diciembre del 2001. La recuperación comenzó durante la segunda mitad del 2003. La carne sube más que los salarios y afecta el costo del nivel de vida. Ese es el grave problema de la política de ingresos. Pero no es menos cierto que el alza es recuperación de precios relativos. En "Precios mayoristas" , rubro que contiene la carne supera la "inflación" del promedio, pero es nada comparado con el petróleo y los químicos, que duplican el promedio. En precios minoristas de alimentos y bebidas, seleccionados por el IDEC, la carne creció mas que el promedio y mucho menos que el aceite de maíz o el queso crema. Esos duplican o triplican la medida. La carne tuvo un período de retroceso que, mientras duró, contribuyó a la estabilidad. La recuperación, sin compensadores, genera presión inflacionaria. Llena la agenda. Si bien las vacas que pastan son las mismas que hace 30 años, la geografía "admitida" se ha reducido como consecuencia de la explosión genética que, acompañada por el entusiasmo deforestador y el uso dispendioso del agua para riego, llevó la agricultura a todo el país. Tierra barato, fértil por un tiempo, y cultivos resistentes a plagas espantosas, muchos regado, han generado potencial productivo agrícola inimaginable. rodeo desplazado y atascado. En esta condiciones, en realidad poco queda de la oligarquía ganadera. Estancada y desplazada sigue abundante en el imaginario. El censo 2002 anota 200 mil ganaderos de capacidad económica reducida. Es cierto hay recién llegados, numéricamente no significativos, que ejercen la actividad rural lúdica. Las vacas tiene un carácter sacro. También nuestra sociedad, al menos para frustrados industriales, comerciantes y financistas prósperos y magnates foráneos. Fascinación que la tasa de ganancia no explica. Los que no fabulan con el cuento de la lechera, saben que el único negocio es "comprar bien" y "vender mejor". Comprar cuando la actividad esta en período de liquidación y vender cuando toca el cielo. Para aquellos que pueden salir con la misma facilidad con la que entraron es un negocio inmobiliario. Esos productores - casco entre colonial y San Isidro, veterinario con pileta y tecnología- no viven de sus vacas. Crean una imagen de prosperidad que no se compadece con la realidad rural promedio. Ese "productor medio" del Censo tiene un rodeo de 250 cabezas. No todas vacas en producción. Este productor por año cría 100 terneros. No veranea en Punta, no tiene avioneta y al campo no lo visita el fin de semana. Los que hablan "del campo" hacen eso y les va de parabienes. No por el campo. Les va bien por otras cosas. Y por eso tienen campo. De esos 200 mil productores, 160 mil, (el 80 por ciento), tiene menos de 250 cabezas. No vacas que producen. Hay vaquillonas de reposición, toros y terneros al pie. Supongamos que esos 160 mil productores tienen cada uno 250 cabezas. Una exageración. Y además todas son vacas ( una pavada para ejemplicar) . Como la tasa promedio de producción es de apenas 0,63 por vaca por año producirían - en el mejor de los casos - un promedio de 120 terneros. Y como 50 hembras son necesarias para la reposición de las vacas que entran en desuso, lo que ellos ponen a disposición del engorde son 70 terneros y tal vez 50 vacas de descarte. En números redondos, ese productor imaginario factura- con esos precios en suba- $50.000 pesos al año. Si lograra una rentabilidad sobre ventas del 50 por ciento -un fenómeno- el hombre junta $25.000. lo que equivale a un ingreso bruto de $2000 pesos por mes. Bastante menos que un comercio de computadoras o un mega quiosco del centro. Les siguen 30.000 productores que disponen de mas de 250 y menos de 100 cabezas. Podemos suponer un promedio de 500 cabezas por productor. Multiplique por dos y ahí tiene sus ingresos. Mucho capital y riesgo. Poca renta. Salario medio. ¿Por que lo hacen? Lo han hecho siempre, lo han heredado, no tienen otras capacidades ni otras posibilidades y son gasoleros para vivir. No hay expensas, country, shopping, cable, colegio pago ni prepaga. Se vive con poco: a caballo del siglo XIX y el XX. Esta mayoría de productores son propietarios del 75 por ciento de las vacas y los mayores oferentes del mercado. Muchos tienen pocas vacas, pero mucha agricultura. Con la agricultura próspera mantienen la ganadería. La descripción refleja el porqué de la tendencia a hacer la agricultura donde se puede y dejar la ganadería donde aguanta. Este es el panorama. Estancamiento, baja productividad, desplazamiento geográfico y ausencia de oligarquía. Los "nuevos productores" - los que no viven de las vacas - no deben ser tenidos en cuenta en el análisis porque así como ponen para "Cáritas", mañana dejan de poner para las vacas. ¿Qué provoca tanto problema? Primero, el sector ganadero produce un bien de consumo que, a la vez, es un bien de capital. No es habitual. Cuando el precio sube, la lógica capitalista es invertir. En la ganadería significa "retener" hembras y eso reduce la oferta. Por eso, cuando el precio sube, la tendencia inducida es que suba más. Todo proceso de "inversión" tiene una tendencia antiinflacionaria. Pero como la ganadería, por lo dicho produce a la vez un bien de consumo que es de capital, ocurre que cuando se invierte "en vacas" sube el precio en el mostrador. Tres años después sube la oferta y el precio retrocede. Lo inverso ocurre cuando bajan. El sector "liquida". Vende la producción del año - los machos y una parte de las hembras jóvenes - y manda al matadero a las hembras habitualmente de reposición o de expansión del rodeo y a algunas madres que esperan ser servidas. Abunda la oferta: la baja de los precios, baja los precios. El aumento de la producción requiere retener. A demanda constante desbalance de oferta y demanda. En términos de "fuerzas del mercado" aumenta los precios. Claro que siempre hay alternativas. Por ejemplo, tenemos margen de aumentar la producción con la misma cantidad de vacas. Primero, aumentando el peso promedio faena. Implica reducir inicialmente la oferta de carne para aumentarla después. En esa dirección, Lavagna prohibió la matanza de animales livianos: aumentaría la oferta a futuro pero se redujo a presente. Un vacuno necesita, a partir de cierta edad, de un día para hacer 700 gramos de carne. Ser gordo normal le lleva un año. Otro camino es incrementar la productividad del rodeo. La genética es importante; también la sanidad y el manejo. Pero lo principal es que "el ternero por la boca entra". Producir forraje. Más comida, más sanidad, mejor manejo y genética. Un paquete tecnológico que exige años, costos y financiamiento. Los productores progresistas- Grupo Crea- y el INTA disponen del conocimiento. No todos los productores tienen acceso al "paquete". Nadie en condiciones de acceder rechazaría. Implica inversiones grandes y largas. La prueba contundente de lo que falta y del potencial la da el hecho de que la medida nacional es 0,63 unidad de ternero por vaca por año. Pero hay productores que alcanzan a 0.95 unidad ternero por vaca año. Algunos destetan de una vaca un ternero o menos casa dos años. Otros, en un año por cada vaca destetan un ternero. Los más productivos, los más grandes. Los menos, los más pequeños. Más carne requiere más vacas, o que cada vaca produzca un ternero. Implica retener vientres y reducir la faena, o aumentar la productividad. O una suma de ambas decisiones. La primera, la estrategia "aditiva", retener vacas, sube los precios porque reduce la oferta. ¿Importar vientres? Caro y difícil. Afuera son mas caras o de menor calidad y peor sanidad o no son adaptable. Una opción inexistente. La segunda es la estrategia "productivista". Implica cambios culturales, mucho tiempo, costos y financiamiento. Largo plazo y profundidad de políticas. Las cosas que se hacen sin tiempo no duran. Lo saben desde el primero al último funcionario o dirigente del sector. No ocurrió hasta ahora por falta de decisión en políticas de carnes. Los argentinos tenemos aversión al largo plazo y creemos que nuestra mayor capacidad esta en la repuesta ágil, inmediata y salvadora. Goles sin entrenamiento. ¿Dura? Pero la capacidad de sacar las papas del horno por un rapto de inspiración ha convertido que a la casualidad en virtud gubernamental. El segundo tema es que le bien que produce el sector es un elemento central en la dieta nacional. Proteína barata forma parte de la dieta para adelgazar. Siempre está. Una institución y un rito. No está mal el olorcito a carne asada de las obras en construcción en el medio día de las ciudades. Pero, aunque no todos puedan practicarlos, el valor de "comer un asado con los seres queridos" no tiene precio. el problema es que, además la carne es el paradigma del país que exporta lo que come. Dada la oferta, stock y productividad, si la exportación aumenta, el consumo acusará el impacto y sufragara mayores precios internos. El productor se beneficia de la competencia de precios entre demanda interna y externa. Precios al alza. En los últimos 30 años, la Argentina no ha tenido presión de demanda externa. Muchos mercados se cerraron, otros se achicaron, y grandes competidores, antes inexistentes- como Brasil- salieron a ocupar la plaza. A Brasil le proveemos la genética y ellos fabrican carne. La demanda popular interna estaba en retirada, no sólo del mercado de la carne sino de todos los mercados. La recuperación del mercado interno llegó al mismo tiempo que la demanda externa. Y acá estamos. Tenemos una presión inflacionaria en el precio de la carne. Y sabemos que tenemos que aumentar la oferta porque necesitamos reducir la pobreza, mejorar el empleo y los ingresos salariales, y eso aumentará la demanda. Además´s debemos capturar la mayor cuota de demanda externa y tocar los precios más altos del mercado internacional. Necesario y posible. La condición es aumentar el stock, la productividad y el valor agregado del producto final. Como lograr todo eso y a la vez impedir que los precios escapen de las manos y perforen salarios o vacíen la parrilla. No alcanza con medidas aisladas. Por ejemplo, las retenciones, más allá de la legítima indignación de lo productores, pueden contribuir a moderar los precios ya que disminuyen el poder de compra de los exportadores. Pero, ¿como hacer para que la retenciones no se transformen en un desincentivo a la producción? ¿Es una vía reintegrar a los productores, con esos mismo recursos, un porcentaje del gordo facturado de modo que el precio vuelva al productor como una "retribución posterior"? Un pago a fin de año ¿Un reintegro a la producción? ¿Una manera de premiar la venta de hacienda en blanco? Y siguiendo el apoyo a lo que operan en blanco y tratando de destruir el mercado negro y el cuatrerismo - que no son cifras menores- , ¿no llegó la hora de reinstalar la indexación de stock en el impuesto a las ganancias? Esas son algunas de las medidas, que por ejemplo, podrían "compensar" el costo de las retenciones al invernador y criador. ¿Como mejorar la capacidad de compra de carne por parte de los sectores de menores ingresos? A cada asalariado en blanco con un ingreso menor a un límite, a cada jubilado o pensionado o a cada beneficiario de la ayuda social se le puede asignar un poder de compra adicional y específico que le permita acceder a descuentos universales en cualquier carnicería. Haciendo obligatorio ese mecanismo se contribuiría a combatir la faena en negro y el robo. Es necesario monitorear los costos de transacción: transporte, comisiones de venta y garantías de pago. Todo eso conforma el horizonte del negocio total. ¿Como alentar la productividad y la producción? Si hemos logrado contener lo precios con estas medidas heterodoxas, y otras que podemos imaginar, debemos con urgencia incrementar la productividad del rodeo existente. Para ello necesitamos una política de incentivos tributario y crédito generoso y abundante inversión. Y procurar la mejora del rendimiento de la faena: el cuidado del cuero y de la carne en la cría y el engorde es esencial. La prenda ganadera y los métodos de registro de marca, la capacitación en serio de los responsables del control local, el crédito indexado en valor carne y el acceso a la suplementación subsidiada de los rodeos en la zonas marginales son, entre otras políticas posibles. El inventario es enorme. No pretendemos agotarlo. Los productores deben comprender que lo que compatibiliza rentabilidad con el consumo es el aumento de la oferta y esta es stock más productividad. No se trata sólo de pelear por el precio de ocasión, ni de oponerse a las retenciones si estas son compensadas o sirven para crecer. Hay que lograr compensaciones para crecer frente a la oportunidad. El país y el sector necesitan impedir que la inflación devore la recuperación. Y las adecuaciones transitorias son siempre complejas. El gobierno, custodio del interés colectivo, debe instalar el horizonte de una década para encontrar, mediante el consenso, herramientas de corto y largo plazo combinadas entre los socios del progreso que son el Estado y los productores. Hay políticas que hacen posible que la estrategia de la carne sea lo suficientemente densa como para llevar a zonas marginales y a miles de pequeños productores la posibilidad de tener una vida digna siendo ganaderos, lo que claramente no es hoy una actividad oligárquica. Y que hacen posible que un consumo popular que alimenta y respeta la tradición. Los pueblos son los que comen. Casi una batalla por la identidad. Carlos Leyba. *Economista |
Carlos Leyba es profesor regular titular de Sistemas Económicos Comparados en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires. Licenciado en Economía Política en la misma universidad, estudió Econometría en la Universidad Libre de Bruselas (Bélgica). Es coautor de Argentina 1946-1983 The Economic Minister Speak (1990) y editor de Dalmacio Vélez Sársfield, constructor de la sociedad civil (1999). Formó parte del equipo de José B. Gelbard. Se destaca su libro " Economía y política en el tercer gobierno de Perón". Actualmente es columnista de la revista Debate y este artículo pertenece a su colección.
Economía y política del tercer gobierno de Perón es una memoria comprometida de un período tan importante como ignorado de la historia de nuestro país. Perón retornó al gobierno (1973-1974) merced a una abrumadora mayoría electoral. El propósito del libro es revisar y analizar la estrategia social, económica y política de aquella coalición social, que pudo armonizar objetivos que "el mercado a secas" durante veintisiete años no ha logrado. El resultado de este trabajo puede ser una lección para los estrategas de las transformaciones políticas y económicas que nuestro país hoy requiere para forjar un presente y un futuro de progreso social y económico. Apuntes del Artículo Argentina tiene por delante un horizonte de incremento en la demanda de carne. Dicen que tenemos 55 millones de cabezas. Pero 50 millones es una cifra de consenso. Lo mismo que hace tres décadas. La población, desde entonces creció el 50 por ciento. Brasil exporta más carne que la Argentina, y desde entonces la triplicó. En los últimos 20 años su producción se multiplicó por tres. La nuestra, en ese lapso, aumentó el 10 por ciento. Mirando las relaciones de precios del producto final con sus insumos básicos, el negocio de la carne dista de estar mejor en los últimos años. Todos los fracasos en la expansión de la oferta tienen el mismo origen: ausencia de estrategia y atracción fatal por el corto plazo. La carne tuvo un período de retroceso que, mientras duró, contribuyó a la estabilidad. La recuperación, sin compensadores, genera presión inflacionaria. Llena la agenda. El sector ganadero produce un bien de consumo que, a la vez, es un bien de capital. No es habitual. Cuando el precio sube, la lógica capitalista es invertir. En la ganadería significa "retener" hembras y eso reduce la oferta. Tierra barata, fértil por un tiempo, y cultivos resistentes a plagas espantosas, muchos regado, han generado potencial productivo agrícola inimaginable. rodeo desplazado y atascado. Queda poco de la oligarquía ganadera. Estancada y desplazada sigue abundante en el imaginario. Los argentinos tenemos aversión al largo plazo y creemos que nuestra mayor capacidad esta en la repuesta ágil, inmediata y salvadora. Goles sin entrenamiento. ¿Dura? Necesitamos una política de incentivos tributario y crédito generoso y abundante inversión. El país y el sector necesitan impedir que la inflación devore la recuperación. LA OLIGARQUÍA TERRATENIENTE (UNO) El Modelo clásico descriptivo de la Oligarquía terrateniente que se describen en numerosos textos y válida para caracterizar algunos procesos de cada etapa de nuestra historia, - como la formación del proceso industrial - fue caracterizado entre otras cosas por propietarios agropecuarios, "oligarquía", terratenientes. latifundistas, con fuerte concentración de poder, asociados plenamente a Gran Bretaña y generalmente opuestos a las nuevas actividades productivas de la llamada burguesía nacional . De de acuerdo al repaso que hace el autor - con los datos del último censo agropecuario (2002) pueden ponerse en duda esas categorías, o en su defecto entender su existencia como una válida para otras épocas acorde a os procesos ocurridos en losúltimos años y atender su diversificación. El censo 2002 anota 200 mil ganaderos de capacidad económica reducida. Ese "productor medio" del Censo tiene un rodeo de 250 cabezas. De esos 200 mil productores, 160 mil, (el 80 por ciento), tiene menos de 250 cabezas. No vacas que producen. Hay vaquillonas de reposición, toros y terneros al pie. No todas vacas en producción. No veranea en Punta, no tiene avioneta y al campo no lo visita el fin de semana. Les siguen 30.000 productores que disponen de mas de 250 y menos de 100 cabezas. Esta mayoría de productores son propietarios del 75 por ciento de las vacas y los mayores oferentes del mercado. Muchos tienen pocas vacas, pero mucha agricultura. Con la agricultura próspera mantienen la ganadería. La descripción refleja el porqué de la tendencia a hacer la agricultura donde se puede y dejar la ganadería donde aguanta. OLIGARQUÍA TERRATENIENTE (DOS) Un fragmento de una nota del periodista Horacio Verbitsky En nota aparecida en el mes de febrero del corriente denominada "Mugidos" en su habitual columna de Pagina 12 Horacio Verbitsky refiriéndose a la opacidad del sector en materia de tributación afirma la vigencia de una gran concentración en el sector. "Desde el año pasado al menos la tecnología satelital permitiría identificar cabeza por cabeza de ganado en todo el país. Para esto el primer paso es acabar con el mito de la desconcentración de la tierra: el 40 por ciento de la producción ganadera bonaerense es generado por 1250 propietarios de parcelas de más de 2500 hectáreas, que ocupan el 32 por ciento de la superficie agropecuaria provincial. Entre ellos apenas 53 propietarios poseen 2 millones 359 mil hectáreas, es decir casi el 9 por ciento de toda la tierra provincial. Entre ellos no figura Analía Quiroga, pero sí Bunge & Born, Loma Negra, Bemberg, Werthein, el ingenio Ledesma, Gómez Alzaga, González Balcarce, Rodríguez Larreta, Duhau, Pereyra Iraola, Anchorena, Duggan, Santamarina, Lalor, Blaquier, Zuberbühler, Pueyrredón, Basualdo, Udaondo, Escalante, Harriet, Guerrero, De Apellaniz, Colombo, Magliano o Ayerza, representantes de ese sector que alguna vez fue conocido como la oligarquía y que hasta hoy conserva la vaca atada. No habría mejor demostración de buen uso de la materia gris que dirigir hacia allí la máquina de recaudar."
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