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Asombro

Monner Sans

BOROCOTIZACIÓN, RAFAELIZACIÓN: PATITIESO

por Ricardo Monner Sans

Patitieso es -por definición- lo que nos sorprende por la novedad o por la extrañeza que nos causa alguna cosa o episodio. Uno viene quedando
sorprendido, hasta con vergüenza ajena, por la comparación entre el reclamo expulsivo de 2001/2002 -"que se vayan todos"- y el reingreso en escena para sumar -todavía- mayores asombros.

Patitieso me deja Patti, no tanto por él, sino por la desmemoria respecto de un respetable número de votantes que no se acordaban -¿no se acordaban?- de lo que su nombre significó en los tiempos del horror. Hombre de Menem para el tema de "investigar y resolver" el crimen de María Soledad en Catamarca, volvió como era previsible que retornara: con las manos vacías.
Hombre que anduvo en tandem, alguna vez, con otro que deja patitieso: Borocotó. Hombre que hace un par de años fue procesado por encubrimiento respecto de un milico que andaban buscando para juzgarlo por su responsabilidad en desapariciones de quienes encabezaron lo que se dio en llamar la contraofensiva montonera.

Patitieso me deja el advertir la diferencia de trato entre un tránsfuga -Borocotó- y el excomisario de la Comisaría de Escobar. O el advertir la falta de repudio social para quienes cooptaron a Borocotó para permitir que un excavallomenemista -hoy Jefe de Gabinete- se ufanara del
método seguido para conseguir un diputado más. Patitieso deja el elogio a la inmoralidad.

Patitieso -en mi caso- porque no puedo creer que el hijo de un notable hombre de bien, autor de "Pelota de trapo", entienda que el saltimbanquismo es esencial a eso que ellos creen que es "política". Me pregunto qué se estaría preguntando su padre, aquel que conformó un tiempo inolvidable de la radiofonía futbolera argentina (Fioravanti, Borocotó, Horacio Bessio, Damián Cané y Raúl Peyré) y que desde un vozarrón maravilloso que trasuntaba bonhomía de primer calibre, comentaba lo que la excelencia expresiva de Fioravanti implicaba por ese entonces. El placer de escucharlos no me lo puedo atribuir a la nostalgia.

Patitieso me deja la rafaelización de nuestro tiempo. Hombre que quiso ser -el Rafael- Jefe de Gobierno de Buenos Aires creando una agrupación política con nombre grandilocuente ("Gesta"), fue convencido en aquel tiempo por el hoy Presidente: "bajate que voy por Ibarra como Jefe de Gobierno, vos tenés otro destino". Y mientras el Rafael se vestía el traje de Ministro de Justicia porque creyó que por allí andaba la cosa, tuvo que cambiar de atuendo cuando, en el minuto final, el Presidente le dijo: allí va Béliz.

Patitieso observé como prohijaba como embajadores a personajes cuyos antecedentes me producían escalofríos: Martín Balza para Colombia; Carlos Bettini para España. Recuerdo con tristeza republicana cómo el Canciller defendía a su ex-socio Bettini, frente a nuestras puntualizaciones de cara a la Comisión de Acuerdos del Senado de la Nación. Cuando se produce el cortocircuito con Cuba, el Rafael tuvo que desmontar del caballo a su mayor espada, Valdés, como el fusible de circunstancias. Cuando se viene la campaña electoral para aquel 23 de octubre -fecha que cada día parece más lejana- el Rafael quiso tener perfil propio. Su galanura expresiva, tanto desde lo escrito como desde lo hablado, le hicieron pensar que "se podía".
Nunca entendió al Presidente y nunca entendió qué es la autonomía de vuelo. O, si la entendió, creyó que su pasado, su ilustre apellido y sus dotes expresivas, lo colocaban en la zona de la independencia. Fue al rincón, en cambio. La penitencia se hizo visible en la -digamos- Cumbre de Mar del Plata. Olió el Presidente que sentar juntos a Borocotó y a Bielsa podría traer más dislates y le inventó París. Que sí, que no: ya se sabe.

Patitieso me quedo frente a autoritarismos presidenciales -porque el quehacer también se mide por las oscilaciones basculares- y a desencuentros rafaelinos con la realidad. Para ambos, y en favor de una Argentina absorta, habría que recordarles -no con ironía, sí con ferviente colaboración- que la psiquiatría ha logrado, en manos de profesionales serios, suficientes avances. Que la ayuden.

por el Dr. Ricardo Monner Sans

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