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Francisco José Bessone |
Produce asambleas todos los santos días; sin lugar propio donde reunirse, ni albergue. No cursa invitaciones, y se erige como un espacio siempre abierto de libertad de elección; -quizás por esto-, sortea todas las acusaciones de ser un dictador de una estética histérica de la saturación. Solo le basta para producir su sentencia aritmética, una coincidencia, una circunstancia que la propicie y esta, es suficiente para exhibir su legitimidad. Básicamente sospechoso, nos cuenta sin explicar acabadamente como somos contados. Se dice verdadero simplemente repitiendo una y otra vez esa coincidencia. Con los números nos hiere, y nosotros somos tratados como tales. Aunque tengamos vida y sexo: solo arrima a Juan, Pedro, Liliana, Cristina, Daniel y Laura y de esta forma, todos ellos sumados, solo producen lo que pueden producir números. Aunque son personas, son siempre 1 + 1 = 2 y no puden ser otra cosa. Dice tener la capacidad de juntar a los separados, de unir lo disperso; pero los congregados ante sí y para sí, solo tienen una unión fugaz y efímera. Si están por un momento juntos nadie se liberara de la carga de la distancia. Con él hemos perdido la capacidad de convertirnos en tumulto. El otro es una presencia imaginada y por esto se lo sospecha de anular toda capacidad de verdadero encuentro. Afortunada o desgraciadamente, como todas las cosas, se robustece en la medida en que se le presta atención. Francisco José Bessone |
El simple arte de matar Por Daniel Briguet |
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