Titulares | Columnistas | Audio | Cuentos | El Sitio | Historia | Regístrese | Contacto

 

 

Historia de las Privatizaciones: Aguas

Lo que buscamos en el pasado es lo mismo que buscamos en el conocimiento de los hombres contemporáneos. Si el conocimiento de la historia tiene una importancia práctica es porque por ella aprendemos a conocer hombres que en circunstancias diferentes; con medios diferentes; en la mayoría de los casos inaplicables a nuestra época han luchado por valores e ideales análogos a los que tenemos en la actualidad ,y esto nos da conciencia de formar parte de un todo que nos trasciende, que continuamos presente y de los que vendrán por el porvenir. Goldmann Lucien

Dice Borges que la historia del pensamiento occidental "no es más que la reiteración de algunas metáforas"

 


 

"Argentina en Default"

Los problemas contractuales con Aguas Argentinas no son las primeras peripecias en una privatización de este nada inodoro servicio. El episodio inaugural data de fines del siglo XIX, en un escándalo protagonizado por Miguel Juárez Celman, llegado al poder en 1886, y su ministro Wilde, con la banca Baring del otro lado.

Esa historia, detalles desopilantes incluidos, fue reconstruida por el ingeniero, físico e historiador Israel “Cacho” Lotersztain, en base a un periódico marxista de la época, El Obrero, cuyo antecesor fue Vorwärts (Adelante), fundado por inmigrantes alemanes socialdemócratas. Lotersztain explica que los grandes diarios, consustanciados con el poder, se cuidaron de reflejar la verdad de lo sucedido. Pero el 18 de julio de 1891, El Obrero titulaba: “Jaque mate. El ex Presidente Juárez Celman y su Ministro del Interior Eduardo Wilde, denunciados por coimeros”.

La denuncia provenía de Londres, la metrópoli. Juárez Celman había resuelto privatizar Obras Sanitarias de la Ciudad de Buenos Aires, las primeras de Sudamérica, pese a la generalizada opinión adversa. Hasta Julio Argentino Roca, ex presidente y líder del oficialista PAN, escribía: “Yo aconsejé en contra pero no me hicieron caso... A estar por estas teorías (privatizadoras) de que los gobiernos no saben administrar, llegaríamos a la supresión de todo gobierno por inútil y deberíamos poner bandera de remate a la Aduana, al Correo, al telégrafo, a los puertos...”. Como se advierte, las recientes controversias en torno de la cuestión no son muy novedosas.
En junio de 1888 fue entregada la concesión por 45 años a una subsidiaria de la Baring: The Buenos Aires Supply and Drainage Co., a cambio de 21 millones de pesos oro.

La casa bancaria –explica Lotersztain– se comprometió a suscribir el empréstito necesario para el pago de esta suma en tres cuotas y para proveer los fondos requeridos para la continuación de las obras. Pero la privatización fue un fracaso.
Lord Baring retuvo especulativamente los títulos recibidos, esperando lanzarlos al mercado a mayor precio porque la Argentina hacía furor. Pero debió hacerlo cuando ya empezaban a llegar a Londres las primeras noticias de la crisis nacional, que estallaría en 1890, desalojando a Juárez Celman.

Lord Baring sólo pudo colocar un 35 por ciento de las acciones de la emisión, debiendo afrontar el resto con fondos propios. El Banco de Inglaterra acudió en su auxilio porque su sobreexposición al riesgo argentino lo estaba hundiendo.
Mientras tanto, en Buenos Aires la concesionaria pretendía tarifas más altas y cobrar en divisas tras la devaluación de la moneda local. La concesión tuvo que ser finalmente rescindida. Carlos Pellegrini arribó a un trabajoso acuerdo en 1891 con los ingleses. También entonces la Argentina estaba en default (situación en la que se mantendría técnicamente hasta 1906), por lo que la concesionaria se resistía a recibir títulos a largo plazo.

El escándalo

Los accionistas, dueños de aquel 35 por ciento, sintiéndose estafados, se reunieron en Westminster Hall, recinto con que la Bolsa londinense contaba para esos avatares. El South American Journal envió a cubrir el agitado encuentro. Su cronista contó, en el número de mayo de 1891, que un tal Mr. Burstall preguntó al Honorable H. R. Grenfell, designado por Lord Baring para presidir la empresa, si “las 322 mil libras esterlinas pagadas a Mr. Celman y Mr. Wilde podrían ser recuperadas”.
El interpelado ofreció una ironía por respuesta: “Creo que es lo mismo que preguntar –comparó– si el rey James I devolverá lo recibido por la concesión del New River Canal”. Hete aquí que ese monarca, hijo de María Estuardo y sucesor en el trono de Isabel I, llevaba unos 270 años muerto. Pero la dirección del Journal calificó de “disparate histórico” esa mención, precisando que Jaime Primero había aportado dinero del tesoro real para terminar el canal londinense, de manera que el rey no había sido un coimero sino un socio inversor. En cambio, según el periódico británico, Mr. Celman y Mr. Wilde cobraron por adelantado y en efectivo, sin haber puesto nada.
Aunque 322 mil libras era en aquellos tiempos una suma exorbitante, a nadie podía sorprender en Inglaterra un soborno en Sudamérica, y menos a gobernantes argentinos. Aquí, en cambio, estalló el escándalo cuando por barco llegaron a Buenos Aires unos ejemplares del Journal. El Obrero se preguntó si “la liga oficialista Pellegrini, Roca, Mitre” seguiría “garantizando la impunidad de los coimeros y de los ladrones públicos”.
Juárez Celman, ex catedrático de Derecho en la Universidad de Córdoba, exigió al Journal que se retractara, amenazando a sus redactores con un juicio, que inevitablemente perderían porque “el soborno es siempre indemostrable, pues requeriría para comprobarlo el testimonio de quien pagó, quien a su vez con ello se autoincriminaría”, en cierto modo a la Pontaquarto. Esa cínica defensa del ex presidente implicaba toda una confesión.

“En la Argentina, Mr. Celman, quizá sea indemostrable un soborno –publicó en respuesta el Journal–. Pero le aclaramos que aquí es diferente. Se ha hecho muchas veces y los culpables están en la cárcel.” A su vez, como más tarde el presidente Luis Sáenz Peña se negó a seguir entregando bonos, la casa Rothschild, involucrada con garantías ante el Banco de Inglaterra, pidió al gobierno inglés que despachase navíos de guerra al Río de la Plata. Pero el liberal premier Gladstone rechazó la pretensión: “El gobierno de Su Majestad no intervendrá con las armas para beneficiar a los súbditos que inviertan imprudentemente en el extranjero”.

Una temprana versión del moral hazard (riesgo moral).

Israel Lotersztain

Crónicas útiles para entender los comportamientos dirigenciales de la época
–Existen folletines muy interesantes que pintan la época. Hay entre ellos un libro absolutamente exquisito, de Roberto J. Payró, (1867-1928) que se llama Las divertidas aventuras de un nieto de Juan Moreira. Cuenta la vida de Mauricio Gómez Herrera, un dirigente arquetípico juarista, pero escrito en primera persona. Así, le sale un tipo simpatiquísimo, un psicópata atrapante. Al final, Payró explica que lo llama el nieto de Juan Moreira porque, al igual que su abuelo, tiene un total desprecio por la ley. Pero a diferencia de su abuelo, que a veces luchaba sin razón contra la partida, él siempre lucha sin razón, pero con la partida de su lado.

"Las inevitables analogías de la historia y una anécdota que parece explicarlo todo"

Una analogía es la similitud o semejanza entre cosas distintas, -si esto es así - es imposible no asociar los modos de comportamientos que describe esta nota con nuestro pasado más próximo. Borges dijo “A la realidad le gustan las simetrías” . La adinistración de Juárez Celman -cuyas similitudes con la administración Menem son altísimas y ofrecen puntos de análisis fecundos y denotan modos de comportamientos comunes -corrupción y la irresponsabilidad- basta una frase del propio Celman que parece decirlo todo "Los argentinos nos enriquecemos por el mero transcurso del tiempo"; coo no faltarías fraes de Menem para afirmar cosas semejantes. Hay sin embargo una anécdota que parece graficarlo todo. La cuenta uno de los especialistas mas prestigiosos en estudiar los temas de las privatizaciones de estos ultimos tiempos en Argentina el Lic. Daniel Azpiazú

La concesión del servicio de aguas y redes cloacales se realizó en mayo del 93, de modo que el primer quinquenio -lapso indicado por el contrato para el cumplimiento de ciertas obligaciones por parte del concesionario- se cumplía en mayo del 98, pero como la empresa venía muy atrasada con las obras María Julia Alsogaray, entonces a cargo de la Secretaría de Recursos Naturales y Desarrollo Sustentable, extendió el primer quinquenio hasta diciembre del 98. Es otro mérito nacional : el primer caso del mundo en que un quinquenio tiene cinco años y ocho meses. Pero, fuera de broma, en esta anécdota aparece todo: los incumplimientos de la empresa, las renegociaciones, la falta de control estatal y los claros síntomas de los que el premio Nobel J. Stiglitz caracterizó como 'sobornización' y lo utilizó prácticamente como sinónimo de 'privatizaciones'.

Artículos Anteriores

No hay artículos disponibles

Artículos relacionados

Agua Consumo Popular y Social


Juarez Celmán el privatizador

Roca desaconsejaba la operación de la privatización de Obras Sanitarias y decía: "A estar por estas teorías (privatizadoras) de que los gobiernos no saben administrar, llegaríamos a la supresión de todo gobierno por inútil y deberíamos poner bandera de remate a la Aduana, al Correo, al telégrafo, a los puertos...”

Carlos Pellegrini el precursor de las ideas industrialistas en Argentina y el presidente que tuvo que negociar el desastre en 1891 nacionalizando las obras sanitarias privatizadas por Celman.

Eduardo Wilde

Eduardo Wilde

EDUARDO WILDE Nacido en Bolivia, en 1844 uno de los más brillantes intelectuales argentinos

Ocupó en 1882, bajo la primera presidencia del general Roca, el Ministerio de Justicia e Instrucción Pública, desde donde propició la sanción de algunas leyes fundamentales, como la Nº 1420, de educación común, gratuita, obligatoria y laica; la Nº 1565 de Registro Civil; la Nº 2393, de Matrimonio Civil; leyes de un carácter liberal que desataron enconados comentarios contra Wilde y que originaron memorables polémicas en el Congreso y en la prensa. Intervino en esos debates donde tuvo como adversarios a hombres de la talla de Pedro Goyena, Manuel Pizarro y Aristóbulo del Valle.

Otros Temas

La Mediocracia

Un artículo de Héctor Ruíz Núñez

Leer Artículo

La Extraña

Un cuento de Daniel Briguet.

Leer Artículo

El Veraz.

Un artículo del Dr. Marcos Peyrano

Leer Artículo

Otros Temas

Los hechos en Francia

Neofeudalismo Capitalismo Tardio

El supuesto elitismo del Jazz

Elecciones 2005

Dolina en la Feria del Libro

El Alca

Profecías Autocumplidas

Globalización y Cine

Partícipe

El cuento del Oyente

El rincón de la queja

Derecho de réplica

Proponga temas

Oyentes en el exterior

Futuros Periodistas

Areas Temáticas

Medios de Comunicación

Filosofía

Historia

Ciencia Política

Economía

Arte

 

Sobre la Utilidad de la Historia

"Estudiamos el pasado para comprender el presente" -responde el docente-, o también, "quien no conoce su historia no puede querer a su país", etc. Estos lugares comunes convertidos en máximas, las respuestas al para qué de la historia, son, en lo esencial, incompletas y hasta incoherentes.
Estudiar el pasado para comprender el presente" debe tratarse con sumo cuidado. Su veracidad se puede opacar si no nos percatamos de lo que verdaderamente buscamos en el pasado.

Si nos empeñamos en extraer "la lección" dada por el hecho histórico con el fin de resolver un problema actual, más temprano que tarde nos daremos cuenta que no se trata de "la lección", sino de lecciones, pues el mismo acontecimiento, el mismo dato histórico, puede adquirir distinta valoración en distintos sujetos.

La historia no es un trampolín que nos pueda permitir impulsar desde el pasado las soluciones del presente. Sin embargo muchos creen lo contrario. En su intento por hallar la "utilidad" de la historia, algunos creen ver en ella a los personajes que hoy llenan los diarios, declaran en la T.V. y se enriquecen con los dineros públicos.

Para esto es fácil construir una literatura histórica que poco tiene que ver con la Ciencia Histórica.
Hay que admitir que la historia posee un elevado valor existencial, es decir, contribuye poderosamente a la ubicación existencial de los sujetos. Si esto último se convierte en un propósito, se debe avanzar demostrando (lo cual no es difícil) que nuestra individualidad, nuestro yo, siempre se va a interrelacionar con una colectividad. No existe el sujeto aislado. Somos miembros de una sociedad que existe para lograr determinados propósitos. Si queremos ser sujetos activos en la definición y logro de tales metas, buscaremos referencias, miraremos a las sociedades vecinas, las de "abajo", las de "arriba", intentaremos comprender su evolución. En ellas, así como en la nuestra, buscamos la demostración-negación de aquello que forma nuestra interpretación del presente y hacia donde debemos conducirnos. Obviamente que esto constituye la "ubicación existencial" y cuando buscamos referencias, quiérase o no, comparamos nuestro presente con el de otros, y también comparamos este presente con nuestro pasado. En todos estos casos estamos incluyendo los valores negados o reafirmados por tal o cual sociedad, defendidos o combatidos por tal o cual personalidad. Admiramos o descalificamos la acción emprendida por una u otra forma de asociación humana, por este o aquel líder. El grado de conciencia con que se efectúan tales operaciones por supuesto que varía, hasta podemos efectuar esta valorización de manera maquinal. Pero es esto lo que da sentido a la búsqueda en el pasado. Ezio Serrano - Profesor de Historia y Geografía (lUPC-UPEL) y Magister en Ciencias Políticas. Es miembro del Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad Simón Bolivar. Venezuela.

Titulares | Columnistas | Audio | Cuentos | El Sitio | Historia | Regístrese | Contacto

 

Copyright 2005 © El Ruido de las Nueces.