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Con el argumento de garantizar la libertad de expresión, Estados Unidos mantendrá el poder en la web pese a los intentos democratizadores en la Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información, celebrada bajo el auspicio de la ONU. De todos modos, Europa logró que ese país aceptara un foro internacional para seguir discutiendo el tema, con lo que se evitó el fracaso del encuentro.
El mundo de Internet
Policia del Mundo, también en Internet por Federico Kukso Tiene todos los caprichos y todas las poses de un monstruo, de uno grande que pisa fuerte: es bestialmente inmensa, tanto que es inabarcable de punta a punta en el término de una vida, se expande a un ritmo atroz invadiendo cada esquina del planeta y engulle a cuanto curioso se adentra en sus orillas inexistentes, convirtiéndolo sin resistencia en un adicto, en esclavo de sus caprichos y de sus cuelgues histriónicos. Y, por si faltara poco, esa bestia técnica llamada Internet, el octavo continente, la otra dimensión de la realidad, también tiene dueño, aunque prefiera el título de tutor, supervisor o controlador, que ayer aseguró la continuidad de su reinado: frente a los ojos impávidos y renuentes de los delegados de 170 países participantes de la Cumbre Mundial sobre la Sociedad de la Información (CMSI) que se desarrolla en Túnez, Estados Unidos retuvo su control y dominio del sistema que ejerce sobre la red de redes a través de Icann, la Corporación para la Asignación de Nombres y Números, empresa globalmente con mala fama dependiente del Departamento estadounidense de Comercio y que desde 1998 se encarga de asignar los dominios de Internet a todo el mundo. Sin embargo, el diálogo no está del todo cerrado: impulsados por la Unión Europea y aceptado por Estados Unidos, los países participantes se comprometieron a crear un foro internacional para discutir las cuestiones relativas a la web –como el correo basura, el ciberdelito y los virus informáticos– que serviría de lenta transición hacia un control menos unilateral de la red. Cada vez que una madre preocupada le manda un mail a su hijo, cada vez que un joven descarga el último hit de su cantante favorito, cada vez que un hombre o una mujer se regodean con una página pornográfica, cada vez que un lector chequea el resultado del partido de su equipo de fútbol en un sitio web deportivo, una maraña de intereses políticos y económicos –detrás, claro, de un enjambre de cables– se tiende asegurando que los paquetes de información vayan de aquí para allá y no se pierdan en el camino. El sostén de todo eso lo ejerce diariamente el gobierno norteamericano a través del control de 13 computadoras distribuidas en distintos países que dirigen el tráfico de cada página web y mail que circulan en el planeta. En estos temas, el caos asoma cada segundo. Por eso, en su tarea distributiva, estas computadoras traducen los mails y las direcciones web en números entendibles por las millones de computadoras que pululan en el mundo. En su conjunto, a este sistema se lo conoce como Domain Name System (DNS) cuyo cerebro –o mejor dicho, el verdadero corazón de la bestia– es el master root server, otra computadora enclavada en suelo estadounidense y manejada por el Departamento de Comercio, cuyos miembros son los únicos autorizados a hacer cambios en su sistema y, además, son los que supervisan el trabajo de los 15 miembros del consejo directivo de Icann, que asigna los nombres de dominios como “.com”, “.org”, “.edu” o “.ar”. De todo esto se saca que, en teoría, Estados Unidos de quererlo podría desenchufar a un país entero de la red y nadie podría hacer nada para evitarlo. Pero así ocurrió. Como también ocurre en el plano más tangible de la realidad, el argumento esgrimido por los norteamericanos en esta reunión organizada por las Naciones Unidas fue muy parecido a aquel por el cual se emplazan como la policía del mundo, esta vez levantando la bandera de la defensa de la libertad de expresión: grosso modo, argumentaron que de regionalizarse, Internet tendería a la inestabilidad y que caería en manos de gobiernos poco democráticos proclives a censurar a los internautas y reprimir lo que se conoce como “ciberdisidencia”. Sin mencionarlos directamente, estos dichos fueron claramente dirigidos hacia Cuba y China. “El objetivo de los Estados Unidos no es dominar la red sino asegurar y proteger su estabilidad; mi gobierno sigue siendo partidario del papel que puede jugar el sector privado en el desarrollo de Internet”, justificó Michael Gallagher, secretario de Estado adjunto de Comercio, dándole a la medida tomada ese opaco velo de diplomacia y falsa cortesía. Las críticas más encendidas provinieron de Brasil, la India, China, Rusia, los países árabes y el WGIG, un grupo dentro de la ONU llamado Working Group on Internet Governance (algo así como Grupo de trabajo sobre el gobierno de Internet), que en un momento llegaron a amenazar con hacer rancho aparte y formar su propia red si Estados Unidos no cedía el control a un organismo internacional. Las posiciones moderadas estuvieron del lado de algunos países de la Unión Europea, como España, por ejemplo. El ministro español de Industria, José Montilla, abogó por adoptar un modelo multilateral de gestión y control de Internet, que se alejase del intervencionismo gubernamental en los aspectos diarios de la red, dando lugar, en cambio, a un crecimiento del papel del sector civil y privado. Australia, por su parte, se alineó detrás de Estados Unidos para evitar que la red cayese en manos de un organismo bajo el control de la ONU. "Ciberespacio Imperial" por Leonardo Moledo
Finalmente, los Estados Unidos retuvieron el control de Internet. La verdad, no es para sorprenderse mucho: puesto que controlan el mundo, no se entiende por qué no habrían de controlar Internet. por Leonardo Moledo.Con un PBI que oscila entre un cuarto y un tercio del PBI mundial, y una fuerza militar que supera a las diez que la siguen juntas, y que, si se cumplen los grandiosos planes imperiales de expansión, para el año 2010 va a superar las fuerzas militares de todos los países juntos, sería sorprendente que largaran algo tan rentable como Internet. Sería como firmar el Protocolo de Kioto. El espacio virtual verdaderamente no es tal, o por lo menos no es tan virtual: tiene una entidad material bien concreta, materializada en 13 supercomputadoras que regulan el tráfico de bits, y redes de satélites y cables que transportan impulsos eléctricos: no es algo distinto, sino sencillamente un nuevo soporte; no es un espacio nuevo abierto a la exploración cuyo límite está en todas partes y su centro en ninguna, sino que se trata de algo muy contante y sonante y, sobre todo, material. Del mismo modo que se puede (o no) creer que existe un “espacio epistolar”, pero el soporte es el correo, y se puede o no creer que existe un “espacio literario” no material, pero que no se concreta sin las editoriales. Así, pues, el “espacio virtual” es una cosa codiciable y no hay que sorprenderse si se apoderan de él los más fuertes y prepotentes.
Nota: Ambos artículos publicados en Pagina 12 y los autores son frecuentemente consultados en nuestro programa radial.
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Leonardo Moledo es Licenciado en Matemáticas, docente universitario, escritor y periodista especializado en temas culturales y científicos. Es autor de libros de difusión científica para niños y jóvenes: De las tortugas a las estrellas (A-Z Editora, 1994), la colección De los átomos a las estrellas: La evolución, El Big Bang y La Relatividad del movimiento (Libros del Quirquincho, 1995), Curiosidades del planeta Tierra (Sudamericana, 1997) y Curiosidades de la ciencia (Sudamericana, 1997). Entre sus obras de ficción se encuentran las novelas La mala guita, Verídico informe sobre la Ciudad de Bree y Tela de juicio; dos obras teatrales: Las reglas del juego y ¿Usted cómo me encuentra?, y varios cuentos publicados en diarios, revistas y antologías. En 1996 escribió una Agenda científica y la serie de fascículos Un viaje por el universo, ambos editados por el diario Página/12. Actualmente es el Director del Planetario de la Ciudad de Buenos Aires. Entre otras obras de Leonardo Moledo (en particular, numerosos cuentos aparecidos en diarios y antologías), pueden consultarse las siguientes: Los nombres anónimos de Internet Douglas C. Engelbart, Paul Mockapetris y John Perry Barlow son nombres que no son conocidos para la gran mayoría. Sin embargo, éstas y otras muchas personas han jugado un papel clave en el desarrollo de la red. Engelbart y su equipo, por ejemplo, son los responsables de que, en 1968, el ratón se incorporara al ordenador; Mockapetris inventó el sistema de nombres de dominio (DNS) que asigna a cada dominio una direcciones de internet, y Barlow fue quien propuso usar por primera vez la palabra ciberespacio. Larry Page y Sergey Brin, fundadores del buscador Google.
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