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Las Pujas Distributivas y la Inflación

 

 

"Soldadito a vos también te necesitamos en la lucha por la economía!
Vamos a ver, pibe, como te portas! (...) AVIVATE!
Proponele un juego a los otros pibes de tu barrio:
-Vamos a ver quién pesca más tipos que hacen agio*.
Total, es un lindo juego. Mirá, a lo mejor cae la casualidad de que en tu barrio todos los comerciantes son honrados. Ojalá!.
Pero si no lo son, hay que enseñarles que lo sean diciéndoles:
-Oiga, Ud. se cree que mi papá encuentra el dinero en la calle?. Mi papá trabaja honradamente sabe? Ud, por qué no hace lo mismo?
Le gustaría que en un descuido suyo le llevase un paquete de galletitas? Ah no?. Claro. Eso es robar.
Bueno, lo que Ud. hace cuando cobra más caras las cosas también es ROBAR.
Y Ud. es un hombre mayor. No le da vergüenza? No sabe que la ley puede castigarlo en serio?.
Mundo Peronista, año 1, n° 18, abril de 1952.

 

"Ustedes cartelizan y atentan contra el bolsillo de los argentinos". Señor Coto: yo lo conozco muy bien a usted y sé cómo trabaja sobre los bolsillos de los argentinos. Nosotros nos vamos a organizar desde el Estado y vamos a ayudar a organizar ligas de consumidores, y vamos a seguir lo que hacen ustedes permanentemente", deje de lanzarnos las diez plagas de Egipto. Trabaje por la Argentina y deje de presionarnos"
Presidente Nestor Kirchner. Viernes 25 de noviembre de 2005.

 


 

"Las crisis y los comportamientos sociales"

No hace falta una emergencia, para descubrir pujas distributivas. En realidad las pugnas nunca terminan, siempre están latentes en toda sociedad, se exacerban o morigeran de acuerdo a los avances o retrocesos económicos. Lo cierto es que cada crisis la potencia. Invariablemente en crisis vemos actores que dibujan una lucha. En nuestro país casi invariablemente se ha definido casi siempre por el peso de la capacidad corporativa. Si tenemos claro que las disputas son parte de natural lucha -como expresan grandes pensadores de la ciencia económica - no estamos en condiciones de resolver el problema, pero al menos, sabemos de que estamos hablando.

Cuando pasan las crisis, cuando el estómago se desacostumbra a la acidez - aquella que trajo cierta indigencia - cuando uno empieza a comer, se quiere seguir comiendo. Para muchos no se trata de "gula" u otro pecado capital sino de un acto de básica necesidad y subsistencia. No faltan voces que niegan niegan las demandas, otras que las califiquen de "excesivas" y advierten el peso de un pasado recurrente con la serie de inflación hiperinflación y caos son concientes o no los que la descolocan y lo discursivo exhibe la fuerza de su maximo argumento, si cambiamos repetiremos la historia donde el presente se vuelve siempre pasado, por lo que no se puede reclamar nada sin merecer el castigo de presunta impaciencia. La traumática memoria inflacionaria hace así su trabajo. Otros - que los hay - ubican las demandas como legítimas y razonables y ubican sus soluciones en el establecimiento de un orden de racionalidad y aspiran la presencia del poder político para cumplir esa tarea.

Quizas podemos tener claro otro punto en esta pequeña reflexión: "Nunca en ningún país se declaran "tiempos de banquetes", percibimos que lo fueron cuando nos asiste la carencia, por eso no debe resultarnos extraño que cualquier país cuando se perciben alivios, cuando se creen superadas ciertas entropías- propias de las crisis- se quiera estar un poco mejor. Agreguemos una línea más: "Es conocido el desinterés del hombre por todo aquello que no este inscripto en el pequeñisimo mundo de sus intereses concretos".

Toda demanda esta limitada por los contextos: Veamos nuestros tiempos. Cuando funcionan los bancos, cuando vuelve el principio de autoridad, cuando se dibuja cierto orden y creemos alejarnos de las perturbaciones sociales comienzan a vulgarizarse ciertos derechos y cada uno comienza a pedir "lo que considera suyo". En crisis - y en esto deberíamos presumir saber los argentinos- nadie reclama aumentos de sueldos cuando teme perder el trabajo, son escasas la voces cuando el paisaje es la desocupación estructural; cuando abunda la miseria, más bien, en esos tiempos nos descubrimos contenidos; por más justa y legítima que sea la demanda y es probable que estemos -si tenemos trabajo- conformándonos con que no nos echen, porque después de todo, "siempre en esta vida se puede estar peor".

La normalidad de un país - en un sentido figurado - es una sociedad con tensiones permanentes- ya que no hay sociedad, ni historia sin conflictos, e incluye ver a los integrantes de una sociedad reclamando una y otra vez atributos de ciudadanía. Los conflictos son connaturales a la política, si no existen conflictos significa que no hay gobierno. Hoy se agudizan los conflictos y se teme por comenzar a incubar una nueva crisis y reiterarnos en círculo vicioso. Se agudizan los conflictos porque estamos "algo mejor" y ese estar mejor determina gran parte de los comportamientos sociales.

La hiperinflación - por ejemplo, (me refiero a su derrota) - permitió todo ó casi todo en Argentina -provocando mucho de lo que hoy padecemos-. Hoy muchos se preguntan: como fueron posibles la aplicación de aquellas políticas que la sucedieron? Sencillamente porque la disciplina colectiva que despertaba su posible retorno potenció la convicción de que había que lograr alguna estabilidad, alguna seguridad y poco nos importó el precio. No solo fué derrotada sino que -para grandes mayorías- fué grato olvidarse de las pizarras cambiarias, hablar por teléfono después de años de incomunicación y decir nuevamente "deme dos" o cambiar el lavarropas. Luego -porque nada es gratis - vinieron otros tiempos. Si huimos hacia adelante, lo hicimos para encontrar alguna seguridad y en su nombre se anulo gran parte de la reflexión colectiva. Había sencillamente que conjurar el pasado. Este hecho nos permite deducir que el miedo y el pánico son motores de la historia y también -desgraciadamente- pueden ser los grandes argumentos de la política moderna.

Lo que nos rige no es el pasado literal... Lo que nos rige son las imágenes del pasado. George Steiner

Las crisis, la historia, las enseñanzas y la política

Aprendimos la lección? Nadie que sale de una "crisis" se convierte al otro día en un ciudadano suizo- si suponemos que los suizos son buenos ciudadanos- pero pasadas las tormentas muchos comienzan a animarse a pedir ciertas cosas. Sin dudas las demandas de los suizos no serán golpear cacerolas frente a la puerta de un banco para que le devueldan sus ahorros; el pasado de esa sociedad condiciona su reclamo. Es probable que los ciudadanos suizos estén por estos tiempos reclamando que su resumen de cuentas se imprima en papel ecológico. Las demandas de una sociedad tienen que ver con el piso de su existencia. Los suizos -cuando se los usa de ejemplo- se los describe como amantes del justo medio, como hombres prudentes con hábitos regulares y disciplinados y no se les ocurre hacer piquetes sólo que en Suiza no hay millones de pobres. Heráclito solía decír que no se puede entender una cosa sin su opuesto.

Debemos ser concientes que aun a pesar de estas referencias de ciertas características que tiene la llamada realidad y asumir la triste conclusión que solía desvelar al sociólogo germano Ralf Dahrendorf: "la realidad tiene una endiablada forma de ser según la cual las soluciones de una etapa suelen constituirse en los problemas de la otra". Si solucionamos en algún momento "la hiper" -con la estabilidad- nos alcanzó la deflación y otras plagas como el desempleo, si salimos de ella hoy reactivando el mercado de trabajo nos acecha su antecesora la inflación. Esta caracteristicas nos asegura que siempre estaremos en problemas, pero no que los problemas no tengan soluciones razonables.

En Argentina - de crisis en crisis - ha habido enormes pugnas por los ingresos. Ha habido empates, ciclos de avance, detención y nuevo avance —capaces de justificar el difundido pesimismo acerca del futuro de la economía— todos inscriptos en el contexto de la puja por el ingreso entre los distintos sectores, que a su vez formaba parte de la puja política más general, pues al empate político correspondía un empate económico. A veces intereses de empresarios y trabajadores industriales coincidian, a costa de los sectores exportadores*, otras, generalmente con devaluaciones se hicieron traslaciones del sector urbano al rural, otras de trabajadores a los empresarios etc.- A partir de 1976 hubo una marcada política de transferencia de ingresos a los intereses financieros. La reiteración de episodios como los citados no puede ser casual y casi resultaría ocioso -si queremos explicar este presente- y reiterar infinitas infografías de lo que ha quedado como un mapa de lo sucedido en los noventa: "ya no empates sino grandes ganadores expresados en términos de concentración económica" con una perversa lógica de construcción capitalista que impregnó la sociedad, las instituciones, la política y la economía y no estaría mal llamarla la lógica del empobrecimiento y del enriquecimiento sin causa.

La misma salida de la convertibilidad siguió esta linea. Generó inmensas transferencias de ingresos, algunas de las cuales quizás eran inevitables y otras no, y en su realización fué motor y parte un gobierno lo que nos lleva a corroborar que nunca hay estados ausentes y que el Estado no deserta ni desaparece: sólo cambia de mano o se lo coloniza - frase acuñada por los italianos que inventaron la política- de Maquiavelo a Gramsci- y quiere decir que el el Estado no deserta, deserta el gobierno.

Esa historia consolidó una “cultura” de la economía en muchos sectores: se podría decir que es la cultura de la prebenda, lejana del capitalismo competitivo en cualquiera de sus versiones europea o americana donde el empresario exitoso no ha sido aquel que invierte, innova, arriesga y gana: es aquel que ha coaptado parte de un gobierno el que procura amistades el que consigue prebendas. Estado coaptado y mercados concentrados forman el relieve que describe -al menos en parte- para entender los procesos inflacionarios y la puja deistributava en Argentina un factor decisivo en la presión inflacionaria es el muy alto grado de concentración económica en gran parte de las actividades productivas.”
gran parte de nuestra historia y si queremos entender " esta la no creencia en la moneda y la creencia en la incapacidad del Estado de regular el desarrollo económico". Si ahorramos en dólares o euros, si el comerciante remarca los precios esto no es otra cosa que creer en otro Estado porque la moneda es el signo del valor que la sociedad le adjudica al poder estatal. Y no repetir la historia implica nada más y nada menos que reformular parte de esto.

Decía Maquiavelo que el reformista tiene como enemigos a todos aquellos que obtenían provecho del orden anterior, y sólo defensores poco entusiastas en todos aquellos que se aprovechen del orden venidero”. Es sin dudas un buen pensamiento no solo para sopesar los probables éxitos de la tarea así como para diferenciar interlocutores y los "como". Y asi están entre los interlocutores los que claman advertencias, y a muchos no tardamos en reconocernos como los mismos que dejaron el país en cuarentena. Los "entusiastas" preñados en sus mensajes de chivos expiatorios y el "como" explicitado no es otra cosa que "matar el perro" para que termine la rabia - son los voluntaristas que subestiman la actual configuración de poder. Los que creen en una política económica de no deriva en ganadores y perdedores. Los que temen que las demandas excedan recetan controlar la inflación restringiendola y afirman que no se le puede exigir al Estado bienes de todo tipo y nos recuerdan que los deseos siempre son inifinitos y la satisfacción limitada o los de la "perinola" que sugieren que creando solamente creando riquezas “ganan todos”. etc etc

Todos podrán tener algo de razón y el columnista que esto escribe acepta las enumeraciones y se abstiene en poner énfasis en alguno de los "como" expresados. Sólo tiene unas pocas certezas. Que es problema de la inflación -que puede reconocer numerosas causas se define como esencialmente un problema político aunque es conciente de no caer en el abismático error al decir que los problemas políticos tienen solución. Pero solo la política puede llegar a asignar una respuesta ( no siempre tiene que ser única, ni adecuada) Que podrá haber demandas imcompatibles y sólo la mediacion política las puede transformar en demandas compatibles. Después de todo el mayor “problema político” que afronta toda sociedad es la distribución de los recursos escasos y sólo que se trata de un juego en el que debe haber reglas racionales y previsibles, ni un sector capaz de imponérselas al otro y un Estado -y esto es decisivo- que defina desde allí políticas autónomas, no un Estado con vacancias a disposición de quien pudiera capturarlo.
Sin dudas se repetirá la historia si pretendemos que cambien las cosas no cambiando nada. Sin dudas se repetirá la historia O dicho de otra manera la mención que popularizo un ex presidente para definir en que consiste la locura, en ocasión de definir nuestra persistencia y el fracaso de la larga convertibilidad : Decía que "la locura es hacer siempre lo mismo y esperar resultados diferentes".

Notas: * Así muchos definen la etapa del primer gobierno gobierno Peronista.

** La batalla contra el agio y la especulación, iniciada en 1946 con la famosa "campaña de los sesenta días", la que llevó esta vez a la cárcel a decenas de pequeños comerciantes. La mayoría de ellos eran almaceneros, a quienes se aplicaron severos castigos que afectaban tanto sus intereses comerciales como sus derechos civiles. Hugo Gambini "Historia del peronismo". La obsecuencia (1952-1955)*AGIO: Denominación que se dio a la "Dirección Nacional de Vigilancia de Precios y Abastecimientos" que entre los años 1951 y 1956 reprimió el agio y la especulación en los precios. Integraba la Policía Federal Argentina.

 

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"Estudiamos el pasado para comprender el presente" -responde el docente-, o también, "quien no conoce su historia no puede querer a su país", etc. Estos lugares comunes convertidos en máximas, las respuestas al para qué de la historia, son, en lo esencial, incompletas y hasta incoherentes.
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Si nos empeñamos en extraer "la lección" dada por el hecho histórico con el fin de resolver un problema actual, más temprano que tarde nos daremos cuenta que no se trata de "la lección", sino de lecciones, pues el mismo acontecimiento, el mismo dato histórico, puede adquirir distinta valoración en distintos sujetos.

La historia no es un trampolín que nos pueda permitir impulsar desde el pasado las soluciones del presente. Sin embargo muchos creen lo contrario. En su intento por hallar la "utilidad" de la historia, algunos creen ver en ella a los personajes que hoy llenan los diarios, declaran en la T.V. y se enriquecen con los dineros públicos.

Para esto es fácil construir una literatura histórica que poco tiene que ver con la Ciencia Histórica.
Hay que admitir que la historia posee un elevado valor existencial, es decir, contribuye poderosamente a la ubicación existencial de los sujetos. Si esto último se convierte en un propósito, se debe avanzar demostrando (lo cual no es difícil) que nuestra individualidad, nuestro yo, siempre se va a interrelacionar con una colectividad. No existe el sujeto aislado. Somos miembros de una sociedad que existe para lograr determinados propósitos. Si queremos ser sujetos activos en la definición y logro de tales metas, buscaremos referencias, miraremos a las sociedades vecinas, las de "abajo", las de "arriba", intentaremos comprender su evolución. En ellas, así como en la nuestra, buscamos la demostración-negación de aquello que forma nuestra interpretación del presente y hacia donde debemos conducirnos. Obviamente que esto constituye la "ubicación existencial" y cuando buscamos referencias, quiérase o no, comparamos nuestro presente con el de otros, y también comparamos este presente con nuestro pasado. En todos estos casos estamos incluyendo los valores negados o reafirmados por tal o cual sociedad, defendidos o combatidos por tal o cual personalidad. Admiramos o descalificamos la acción emprendida por una u otra forma de asociación humana, por este o aquel líder. El grado de conciencia con que se efectúan tales operaciones por supuesto que varía, hasta podemos efectuar esta valorización de manera maquinal. Pero es esto lo que da sentido a la búsqueda en el pasado. Ezio Serrano - Profesor de Historia y Geografía (lUPC-UPEL) y Magister en Ciencias Políticas. Es miembro del Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad Simón Bolivar. Venezuela.

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