Dos expresiones musicales ciudadanas , una historia
compartida.
________________________________
La
historia aporta elementos más que convincentes del origen paralelo en el
tiempo y la distancia de estos dos géneros típicamente populares. El país
del Norte, afianzó su independencia política con una marcada ventaja en el
tiempo, frente al nuestro, y en el terreno cultural aportó uno de los
fenómenos más llamativos dentro de la tradición musical, el cuál devendría,
a partir de sus orígenes africanos, en la expresión más significativa de su
folklore, el jazz.
Sin embargo, en la misma centuria en que los americanos desbordaban sus
fronteras musicalmente con el jazz como embajador en el mundo, los
argentinos paseaban en tango por Europa, conquistando multitudes.
Tango y Jazz, Jazz y Tango, compitieron así en un mercado abierto a las
incipientes demandas de un público ávido de ritmos exóticos que se volcaba
en los salones de baile, las boites, el cabaret, lanzados frenéticamente a
adquirir los productos que ofrecía la reciente industria discográfica, así como el soporte de conocimiento que brindaban las publicaciones
especializadas.
En pleno siglo XXI, el jazz y el tango han recorrido un largo camino
convirtiéndose en verdaderos íconos de la expresión popular e insertándose,
paradójicamente, en el campo intelectual, donde gozan de permanente vigencia
en los elaborados ensayos y críticas que proveen los medios de expresión.
Los orígenes de ambos géneros, refieren al ámbito ciudadano, más
precisamente a las zonas marginales de lo urbano, donde acudía un público
trasgresor en busca de bebidas, mujeres y música.
Y allí asentaron sus reales, en ese ambiente prostibulario, el jazz y el
tango, con sus diferencias conceptuales. El jazz con su constante rítmico
improvisativo, tomando sus patrones armónicos del blues, el ragtime y el
negro espiritual.
El tango, en cambio lucía, sin improvisación temática ni armónica,
ejecutándose la pieza musical, la que podía ser instrumentada, pero siempre
arreglada profesionalmente y ribeteada con los compases producto de los
ensayos del grupo orquestal.
Otra de las aproximaciones diferenciales, refiere a que el jazz mantuvo una
tendencia a la utilización de instrumentos de viento y percusión, adecuados
a la ejecución al aire libre y en los grandes locales, donde aún no existía
la amplificación electrónica.
El tango se orientó hacia instrumentos de cuerda, mandolina, en un tiempo,
violín, guitarra y un invitado de lujo, el bandoneón, todos ellos de
sonoridad más recatada que los aerófonos.
La historia del jazz debidamente documentada en lo relativo a lo musical y
técnico, no dejó de incorporar el carácter sociológico como fundamento de su
origen y desarrollo eminentemente colectivo. El tango creció de la mano de
poetas y narradores, periodistas y sociólogos, quienes aportaron historia
real y ficción en torno a su escaso conocimiento de sus orígenes, sus
letras, anécdotas y tradición.
Tanto el tango como el jazz, plasmaron recién en la edición fonográfica,
luego de transcurrir períodos de difusión no impresa y generalmente solo
auditiva.
El jazz es esencialmente rítmico armónico, como ya lo adelantáramos, a
diferencia del tango que fluye en melodías surgidas de remotas letanías y
letrillas, que al igual que en el jazz, refieren a un vocabulario o argot
burlón y obsceno, donde se proyectan los clamores de la raza marginada y
explotada en ambas geografías.
Ambas expresiones musicales nacieron de igual raíz africana y así se
divulgaron en Europa y el resto del planeta, como una respuesta de los
horrores de la trata de esclavos y como un canto de esperanza en la
liberación, donde el ritmo, la melodía y la danza fueron los vehículos
naturales del clamor por dignidad y justicia.