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● Casi una profecía
● "Poder que mata" - Globalización y Literatura
Apuntes de Francisco Bessone
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Aquel espeluznante relato, como una profecía
contada en tiempo pasado, era más bien exagerado y quizas se equivoque en
detalles, pero hay que reconocer que las el panorama del mundo hoy se le
parecen bastante.
Este texto pertenece a la película de Sydney Lumet, Network, un mundo
implacable, producida en el año 1976. Estremecedor por su retórica, la
escena en la que aparece este sermón resulta inolvidable:
Ocurre en una sala de juntas en penumbra, una gran mesa alargada iluminada
por la tenue luz de lámparas azuladas individuales, casi como una
biblioteca; un plano contrapicado en un extremo de la mesa el supuesto
predicador que escucha, y al otro extremo el cuerpo rechoncho e
impresionante del señor Jensen, presidente de una cadena de televisión,
apuntando imperativamente con el dedo hacia el pobre y loco predicador John
Beale».
"Yo
empecé como viajante. Vendí máquinas de coser, accesorios de automóvil,
cepillos, equipos electrónicos. Dicen que sé vender cualquier cosa. Quisiera
venderle algo a usted: Valhala, señor Beale. ¡Ud se ha entrometido con las
fuerzas primitivas de la naturaleza, señor Beale, y yo no se lo tolero!
¿Está claro?
¡Usted cree que solamente ha impedido un negocio, pero ese no es el caso!
¡Los árabes se han llevado millones de dólares, mucho dinero de este país, y
ahora tienen que devolverlo!
Es el flujo y reflujo, es el ritmo de las mareas, es el equilibrio
ecológico. Usted es un viejo que sólo piensa en términos de naciones y
pueblos. No existen naciones, no existen pueblos, no hay rusos, no hay
árabes, no existen terceros mundos, ni Occidente. Existe solamente un gran
sistema de sistemas, un vasto y salvaje entretejido intercalado,
multivariable, multinacional dominio de dólares. Petrodólares, electro
dólares, marcos, yenes, libras, francos, y rublos, es el sistema
internacional monetario, que determina la totalidad de la vida en este
planeta. Ese es el orden natural de las cosas de hoy día. Esa es la
estructura atómica y subatómica y universal que configura las cosas de hoy
día.
¡Y usted se ha entrometido con las fuerzas primitivas de la naturaleza! ¡Y
usted debe repararlo! ¿Me entiende usted señor Beale? Usted aparece en su
pequeña pantalla de 21 pulgadas y grita sobre América y la Democracia. No
existe América, no existe la democracia, sólo existe la IBM, la ITT, la
AT&T, y DuPont, Dow Unión Carbide y Exxon. Esas son las naciones del mundo
de hoy día.
¿De qué cree que hablan los rusos en sus consejos de estado? ¿de Karl Marx?
No. Hablan de sistemas de programación lineal, de teorías sobre estadística,
de problemas económicos, y computan costos de sus transacciones e
inversiones como hacemos nosotros. Ya no vivimos en un mundo de naciones e
ideologías, señor Beale.
El mundo es un colegio de corporaciones inexorablemente dirigido por los
estatutos inmutables de los negocios. El mundo es un negocio, señor Beale.
Lo ha sido desde que el hombre salió arrastrándose del barro, y nuestros
hijos vivirán, señor Beale, para ver eso: un mundo perfecto en el que no
habrá guerra ni hambre, opresión ni brutalidad; una vasta y ecuménica
compañía asociada en la que todos los hombres trabajarán para servir a un
beneficio común; en la que todos los hombres poseerán una cantidad de
acciones; en la que se les cubrirán todas las necesidades, se les moderarán
todas las ansiedades, y les divertirán para que no se aburran. Y le he
elegido a usted, señor Beale, para predicar este evangelio.
—¿Por qué a mi?
—Porque sale usted en televisión, tonto.»
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Lo más curioso es que fue justamente cuando el
loco de Beale comenzó a predicar este nuevo evangelio en televisión y
abandonó el tono de denuncia y batalla política con el que había emocionado
al público, cuando empezó a bajar estrepitosamente su nivel de audiencia.
Lo más socorrido es interpretar el caso aduciendo que «la gente no quiere
saber la verdad», pero también puede entenderse como una prueba de que ese
discurso radical es tan impresionante como falso o confuso, que los estados,
las ideologías, siguen teniendo un importante papel político, y que el
público no se traga fácilmente tales reduccionismos.
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Ficha de la Película
Sydney Lumet, Network, (Un Mundo
Implacable) año 1976
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Guionista: Paddy Chayefsky.
En el libro "La tiranía de la comunicación", el director de Le Monde
Diplomatique, Ignacio Ramonet, recuerda que en el film los productores de un
informativo llegan al extremo de suscribir un acuerdo con un grupo de
terroristas a fin de asegurarse la exclusividad de las imágenes de sus
andanzas (incluyendo un secuestro con toma de rehenes) en vivo y en directo.
Análisis del discurso
El fenómeno de la globalización (o una de sus interpretaciones más usuales)
está previsto explícitamente en esta película, en 1976, mucho antes de que
se hiciera añicos el Muro de Berlín.
Hay tres ideas fundamentales en el discurso del señor Jensen que sorprenden:
Primera Idea: No existen naciones, no existen pueblos, sólo existen mega
corporaciones, sólo un vasto, multivariable y salvaje dominio de dólares;
Segunda Idea: Fin de las ideologías, no existen dos mundos enfrentados, el
comunismo y el capitalismo, salvo en la apariencia;
Tercera Idea: Fin que persigue ese proyecto, el intento de un mundo perfecto
en donde no habrá guerra ni hambre, todos los hombres tendrán cubiertas sus
necesidades, moderadas sus ansiedades y se les divertirá para que no se
aburran.
Dos profecías anticipatorias de la literatura
"Orwell 1984" y "Un mundo Feliz"
Huxley, no supone que una figura de Orwell (gran hermano) autoritario que
privará a la gente de su autonomía, le arrebatará su historia o le impedirá
madurar. En Huexley, la gente no se resiste a la tecnología con la que el
opresor aniquila su capacidad de pensar. Lo terrible reside en que no lo
odia, se entrega a él voluntaria y alegremente.
Mientras Orwell alerta sobre quienes nos privarán de la información,
prohibirán los libros o nos ocultaran la verdad. Huxley expresa la
preocupación opuesta. Imagina que llegaremos a contar con tanta información
que quedaremos reducidos a la pasividad, que no será necesario prohibir los
libros porque nadie le interesará leerlos ni ocultar la verdad porque pasará
inadvertida en el océano de la irrelevancia. Versión esta última, de enorme vigencia y que refiere a uno de los síntomas de los efectos de la "sobre abundancia" informativa en las sociedades actuales y que se conoce como bulimia informativa.

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Peter Finch (John Beale) el predicador que
se mata en cámara por la baja de los niveles de audiencia. |